“Barcelona sigue siendo una ciudad viva y rebelde”

Entrevista a  Andrés Naya, activista vecinal y director de Carrer,
publicación que acaba de cumplir 25 años.

M.Eugenia Ibáñez
Periodista
Salvador Sansuán
Fotógrafo

Desde que empezó la crisis, allá por el 2008, han cerrado en España unos 400 medios de comunicación, sumando prensa, agencias, emisoras y cadenas de televisión, y la cifra, lamentablemente, va en aumento. Tiene pues doble mérito que una publicación minoritaria, que recibe escasas ayudas, con insuficientes medios y con el lastre de ejercer la crítica ciudadana y social haya celebrado el 25 aniversario de su aparición.

Fue en octubre de 1991, con una Barcelona patas arriba por la vorágine olímpica, una publicación parida con el objetivo de gritar que los Juegos Olímpicos del 92 estaban muy bien, pero que la ciudad seguía teniendo muchos problemas. Fue bautizada como La Veu de Carrer, para los amigos simplemente Carrer, y es la revista de la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona (Favb). Durante esos 25 años y 143 números de peleado contenido la publicación ha mantenido siempre al frente a Andrés Naya, un hombre que ha tenido la habilidad de compartir dirección y responsabilidades y el talento de saber que Barcelona necesita que alguien, o algo, de vez en cuando,  le cante cuatro verdades bien dichas. Y el altavoz de esos gritos ha sido Carrer.

Andrés Naya ha tenido dos grandes amores en su vida. Lurdes Ponce, mejor Pitusa, y el barrio de Prosperitat. Por la primera dejó su Huesca natal y se instaló en L’Hospitalet en 1974, con 28 años recién cumplidos. La relación con el segundo fue más militante, en la línea del activismo que ha mantenido toda la vida. Poco después de llegar a Catalunya participó en la avenida de la Via Júlia en una manifestación para salvar la vida de Puig Antich, y entre pancartas y consignas quedó impresionado por la gente que le rodeaba, en su mayoría emigrantes, un barrio olvidado por el ayuntamiento, vecinos dispuestos a exigir sus derechos contra viento y marea. Dejó L’Hospitalet y a Prosperitat se fue. Allí sigue y allí comenzó su activismo en la asociación de vecinos del barrio, en la Favb. Dejó la militancia política porque le aburrían las reuniones, las interminables disertaciones políticas, y se sumó a aquel movimiento vecinal que tan decisivo ha sido para neutralizar el complaciente discurso de los políticos locales.  Empleado de banca retirado, dice a sus próximos que la jubilación le ha permitido dos placeres: ducharse sin prisas y dedicarse a lo que más le gusta, probablemente hacer de Carrer la mejor publicación sobre la Barcelona real.

Todo empezó con los Juegos Olímpicos y la aluminosis.

Carrer fue un producto, quizá no deseado por muchos, de los Juegos de 1992 y coincidió con la lucha vecinal contra la aluminosis que afectaba a miles de viviendas. La ciudad había perdido su espíritu crítico, todo se supeditaba a no entorpecer las obras. Desde la Favb y la coordinadora de barrios, con toda la modestia del mundo, pensamos en la revista CAU del Colegio de Aparejadores para canalizar nuestras críticas, recordando el papel que esta publicación había hecho durante el mandato del alcalde Porcioles. Nosotros estábamos mal acostumbrados con el apoyo que, hasta aquel momento, la prensa había dado a las luchas de los barrios, cuando aún no había gabinetes de prensa y los periodistas se pateaban la ciudad. Pero Barcelona estaba ya obnubilada con los Juegos Olímpicos, había un optimismo desmesurado, la crítica había desaparecido y también la complicidad de la prensa. La Favb tenía un boletín pero pensamos que era insuficiente, queríamos una publicación más potente, más ambiciosa y que ofreciera otro punto de vista a lo que estaba ocurriendo en Barcelona.

Pero faltaba el dinero, el eterno problema.

La Favb tuvo reuniones con los responsables de urbanismo de la Generalitat y nos contestaron que no éramos interlocutores válidos y eso hicimos constar en un comunicado que hicimos público, así que poco después rectificaron y Antoni Comas, conseller de Benestar Social, nos ofreció ayuda para sacar Carrer.  Queríamos una publicación plural y pedimos colaboración al ayuntamiento, pero el concejal socialista Antoni Santiburcio se negó porque nos dijo que no podían pagar una revista que después les dejaría a parir. La subvención de la Generalitat, unos veinte millones de pesetas, nos permitía tirar 20.000 ejemplares, pero la alegría duró poco porque tras publicar el número cuatro, o el cinco, no recuerdo bien, el secretario de Comas nos preguntó que para cuándo la entrevista al conseller. Les contestamos que no pensábamos hacer contraprestaciones al dinero que nos daban, que no sería inteligente hacer esa entrevista. Total, que aguantaron un tiempo más y cuando llegamos al número 40, nos redujeron drásticamente la subvención, así que no nos quedó otro remedio que bajar la tirada.

¿Qué otras ayudas económicas ha recibido Carrer?

Todas las aportaciones las recibe la Favb y luego las distribuye; alguna cooperativa de viviendas, y empresas como Aigües de Barcelona, y Gas Natural que nos han retirado las ayudas cuando hemos publicado informaciones que no les han gustado. La Caixa nos pagó hace mucho un anuncio. Y se acabó.

¿Cómo aprendió un trabajador de la banca a hacer periodismo y dirigir una publicación durante 25 años?

Siempre he sido más activista que periodista pero desde joven me interesé por los diarios y sus contenidos. De joven, en Huesca, un grupo de amigos nos ofrecimos a Eduardo Fuenbuena, director, de Aragón Exprés, a escribir gratis una especie de Huesca Exprés. Recordaré siempre aquella entrevista porque sobre su mesa de trabajo, junto al tintero, tenía el casco que usó durante la guerra civil agujereado por una bala. En Carrer hemos aprendido a hacer periodismo poco a poco, primero con profesionales jóvenes, al lado de Ernest Alós y después Marc Andreu. Creamos un consejo de redacción que aún funciona con periodistas jóvenes, discutimos todos los temas, intercambiamos ideas, escuchamos todas las propuestas y por esa vía siempre surgen temas interesantes.

 A estas alturas ya debe saber cuál debe ser la virtud fundamental de un buen periodista

La curiosidad.

¿Nunca le ha tentado formar parte de las listas de algún partido político?

En las primeras municipales de 1979 me plantearon ir de número uno de las listas de Organización de Izquierda Comunista, pero las elecciones se retrasaron y cuando se convocaron ya nos habíamos fusionado con Movimiento Comunista, y de fusión en fusión no se hace carrera política. Ya no he vuelto a militar en ningún partido.

¿Cuál fue la época más difícil de Carrer?

Lo fácil fue sacar los primeros números porque nos desbordaban las ideas, pero lo jodido ha sido seguir haciéndolo durante 25 años. Empezamos como un grupito de jóvenes, algunos ya nos hemos hecho viejos, pero por la redacción han pasado más de 300 personas, la publicación ha tenido más de mil firmas y no llegan a diez las que han rechazado colaborar. Digamos que el 80% de esas firmas ha trabajado gratis, los más jóvenes han podido cobrar algo, para el transporte y el bocadillo, poco más. ¿Independencia? Total. Concretamos una fórmula de funcionamiento: Carrer es una publicación de la Favb pero no era el boletín de la Favb, así que hemos trabajado con total autonomía pero conscientes de que somos una revista del movimiento vecinal. Hemos mantenido los contenidos de la lucha de la Favb y en ocasiones hemos ido un paso por delante. Esa  autonomía también la hemos pagado cara porque, de hecho, el momento más difícil de Carrer fue un desencuentro interno por la presión de una presidenta para forzar la publicación de un tema personal. Estuvimos un año sin publicar, se abrió una crisis en la Favb, la junta dimitió, hubo nuevas elecciones, y Carrer continuó.

Todos los periodistas guardamos en un cajón referencias a temas que no pudimos, no quisimos o no nos dejaron acabar. ¿Cuáles han sido los suyos?

En cierta manera, hemos dado espacio a esos temas que otros medios no quisieron publicar. Para el número cien, Huertas Claveria nos entregó una biografía de Juan Antonio Samarach que le había encargado Enciclopedia Catalana y que luego fue vetada por su contenido porque explicaba quién era Samaranch. Nosotros lo publicamos, fue todo un regalo. Nunca hemos dejado de publicar un tema por su contenido, nunca nos hemos censurado ni hemos aceptado presiones externas. Se nos escapó una información porque era urgente y no se podía esperar a que Carrer llegara a la calle. Fue la filtración de un funcionario municipal que nos pasó el listado de las multas de tráfico impagadas que acumulaba Urdangarín, poco antes de la pomposa boda en Barcelona. Pasamos el tema a otros medios, el ayuntamiento localizó al funcionario y lo despidió. El chico Urdangarín prometía.

Con quién ha tenido la vida más fácil Carrer, ¿con los convergentes o con los socialistas?

Nunca hemos tenido reuniones ni con los equipos de gobierno ni con los alcaldes, y eso ha sido bueno, porque uno de los logros de la revista es que, como norma, nos negamos a entrevistar a políticos para evitar que nos conviertan en sus plataformas. Los políticos ya tienen a los medios de comunicación tradicionales y a sus aparatos de agitación y propaganda, así que no hemos querido entrar en ese juego. Solo hicimos la excepción con Socías Humbert cuando dejó la alcaldía. Es cierto que fue un alcalde no democrático, pero llevó a cabo un trabajo que ha sido la base de una mejora de la ciudad y ese trabajo no ha sido del todo reconocido. Socías llegó para pacificar la ciudad y cambió formas y contenidos, que ahora no se atreven a hacer. Con Trias tuvimos problemas con el número dedicado a la pobreza que no le gustó nada y llegó a decir a la junta que por aquella línea no podíamos seguir, lo que entendimos como una velada amenaza. Trias tenía un comisario político por el que pasaban todas las publicaciones que imprimía o patrocinaba el ayuntamiento y en un par de ocasiones nos llamó la atención, pero ni caso. El alcalde Joan Clos no encajó muy bien las críticas que hicimos a su Fòrum de las Culturas, pero pasó la cosa a mayores. Siempre ha sido la junta de la Favb la que ha acabado capeado el temporal.

Ada Colau fue colaboradora de Carrer. ¿Qué tal se porta la alcaldesa?

Publicó dos o tres artículos cuando dirigía la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), incluso la entrevistamos. Se porta normal. Cada uno va a lo suyo. De momento no hay problemas.

Has sido observador privilegiado de los comportamientos de cinco alcaldes. Opine sobre ellos: Pasqual Maragall.

Era un animal político, no un gestor como han acabado siendo sus sucesores en el cargo. Cada quince días se reunía con la Favb para tomar el pulso a la ciudad, eso lo había hecho Socías y lo hizo él pero nadie más ha mantenido esa práctica. Es cierto que después Maragall no hacía mucho caso, pero las reuniones se hacían. En ocasiones esos encuentros eran un monólogo, se oía él a sí mismo. Recuerdo que cuando inauguró el mercado de Canyelles citó a Miguel Hernández pero con un poema de Antonio Machado. Al día siguiente en una reunión con la junta de la Favb cogió la palabra y estuvo por lo menos una hora hablando, hasta que le pregunté si nosotros podíamos decir algo. Me contestó que yo no porque mis declaraciones eran siempre muy desafortunadas y le contesté que todos nos equivocábamos que él se había confundido de poeta el día anterior. Se cabreó muchísimo, pero esos enfados los olvidaba pronto. Era muy cercano. Creo que debía haber planteado las obras para los Juegos Olímpicos de otra manera, porque no consiguieron grandes mejoras para los barrios, ni se mejoró el transporte público y levantaron la Villa Olímpica en algunos terrenos calificados de zona verde. Habíamos pedido que el 40% de las viviendas fuera públicas, los barrios se manifestaron, hicimos declaraciones, manifiestos y demás pero no conseguimos ni un piso público, y con la que ha caído después ha quedado demostrado que teníamos razón.

Joan Clos.

Fue un gestor total y lo mejor de su trabajo fue la amortización de la deuda olímpica, que era muy alta. Intentó reproducir con el Fòrum el éxito de los Juegos Olímpicos, pero fracasó. Fue caprichoso en algunas de sus decisiones, como el numerito de plantar viña en Collserola para hacer vino porque recordaba las visitas que de niño hacía a los viñedos de un abuelo. Caprichoso y distante con la gente.

Jordi Hereu.

En distancia corta tenía un trato próximo, llano, pero en mi opinión la relación con la ciudad alcanzó durante su mandato los niveles más bajos, tanto a nivel de gestión, porque se hicieron muy pocas cosas, como de relación directa con la ciudad.

Trias.

Abrió las puertas del ayuntamiento a intereses que no tenían nada que ver con los de la ciudad, a verdaderos grupos de presión.

Ada Colau.

Ha entrado con unas sensibilidades diferentes, pero los intereses de los barrios se afrontan con lentitud y creo que su asignatura pendiente es la de la participación, tema con el que no acaban de atinar. Son pocos concejales y están rodeados, eso es verdad, así que para tomar decisiones tienen que dar saltos y en ocasiones no cuentan con la gente, o lo hacen de manera puntual. El tema de la Meridiana, por ejemplo, se ha planteado como un proceso participativo, pero no será suficiente si los vecinos no participan en el seguimiento de lo que se haga. Otro ejemplo es el soterramiento de la Ronda de Dalt, entre Taxonera y Vall d’Hebron, tramo que Trias, ya al final de su mandato, se comprometió a cubrir. Deberían haber discutido con los vecinos si esa obra es posible o no, hablar con los afectados, pero a Colau y su equipo les ha faltado sensibilidad para revisar el proyecto, sentarse con los vecinos y discutir con los barrios lo que hiciera falta, posibilidades y fases. Ha faltado diálogo, no han escuchado y no han tenido en cuenta los años que las asociaciones llevaban tratando ese tema.

¿El número de Carrer más difícil, el que más problemas ha generado?

El de la Barcelona Olímpica, en el que participó mucha gente y que incluso lo reprodujeron las asociaciones de Madrid traducido al castellano, y el número cien en el que planteábamos quién mandaba en aquel momento en Barcelona, el poder y la ciudad.

¿Y quien manda hoy en Barcelona?

Vive fuera de Barcelona, y quizá de Catalunya y España. El tema del 3%, o del 4%, que ahora ocupa tantas informaciones, ya lo denunciamos en el 2005, cuando se produjo el socavón del metro del Carmelo y publicamos varios artículos.

Como todo buen medio de comunicación que se precie, ¿habéis acabado en el juzgado por alguna denuncia?

Nos han aplicado la ley de prensa en dos ocasiones. La primera fue con el teniente de alcalde socialista Xavier Casas, por Can Ricart, en Poblenou. Titulamos algo así como La desidia y  la especulación queman Can Ricart. Casas se puso como una moto y nos envió una carta que, de acuerdo con el artículo número 2 de la Ley de Prensa, debía ser publicada. Y la publicamos. Y la última, la Sociedad General de Aguas (Agbar). Dimos su réplica pero recurrimos a una práctica que durante el franquismo se utilizó  cuando la censura prohibía algún texto. En vez de publicar una página en negro, como se hizo entonces en alguna ocasión, dejamos junto a la carta de la empresa una página en blanco, la tinta negra mancha mucho, y al lado un recorte  con nuestros argumentos y el título del artículo recurrido por la compañía, que se titulaba El saqueo del agua de Barcelona. Y al mes siguiente la empresa nos retiró la publicidad.

¿Qué relación ha tenido Carrer con los medios de comunicación convencionales?

No ha habido relación directa, pero en ocasiones sí hemos sufrido comportamientos desacertados que nos ha llevado a meter en la sección de la Cambra Fosca a algún periodista.

¿Qué opinas sobre la información que se da de Barcelona?

Carrer ha existido durante 25 años porque Barcelona, con todos los cambios que se han producido, sigue siendo una ciudad viva y rebelde y la última expresión de lo que acabo de decir es la manifestación del 19 de febrero para exigir que se acoja a los refugiados. Barcelona de pronto explota, contra la guerra, contra la aluminosis, contra los desahucios, o la guerra del agua, que duró años. Y a Carrer le han mantenido viva todos estos movimientos. En Barcelona priman aún los valores individuales, a pesar de la crisis y de los tiempos que corren. Carrer se ha hecho eco de esa realidad que la prensa tradicional, salvo excepciones, con periodistas más que medios, muchas veces ignora. Prensa y televisión prestan más atención a los sucesos que ocurren en un barrio que a las reivindicaciones de sus vecinos.

¿Cómo ha evolucionado la lucha en esos barrios a lo largo de 25 años?

De manera muy desigual, porque las asociaciones de vecinos han cambiado, unas se han centrado en prestar servicios, otras mantienen sus reivindicaciones en temas más generales como la contaminación, el tranvía, o el turismo. El gran cambio es la aparición periódica de plataformas, movimientos sociales, y hay que subirse a ese carro y ser uno más. Se ha acabado la época de una cierta uniformidad en el funcionamiento del movimiento vecinal, que se ha mantenido vivo durante la dictadura, la Transición y en democracia y lo sigue estando, pero ahora con una vertebración diferente. Tenemos que sumarnos a la nueva forma de lucha.

¿Cuáles son los problemas básicos de la Barcelona actual?

Los concreto en el turismo, la movilidad, la vivienda y la pobreza. La masificación del turismo y la falta de control han derivado en la masificación de hoteles y apartamentos turísticos. Ese abuso viene de lejos y el primer capítulo se dio con el plan de hoteles que se preparó para los Juegos Olímpicos. La especulación vinculada al turismo está expulsando a la gente de los barrios, encarece la vivienda, nos priva de espacio público. Ha faltado control y hay que ordenar el sector porque la ciudad no puede permitirse el lujo de que cada empresario haga lo que le venga en gana. El turismo es una fuente de ingresos, de conocimiento, de intercambio, todo eso es bueno, aporta ideas, muestra otras formas de vivir, pero el aprovechamiento indebido de ese turismo no es bueno. Los propietarios de las terrazas se rebotan cuando se les pone límites a la ocupación del espacio público, los promotores quieren llenar de hoteles el centro de la ciudad… Por lo que respecta a la movilidad, no se entiende que cuando se construyó el tranvía no se unieran los dos tramos. El tema del coche no se aborda con decisión, hay miedo a poner límites al vehículo privado. La crisis económica y los recortes han agravado la pobreza y disminuido los servicios sociales. Por lo que respecta a la vivienda, hay que lanzarse con más decisión a hacer vivienda pública y social en régimen de alquiler porque en Barcelona sigue habiendo demasiados desahucios.

¿Cuál ha sido el papel de la mujer en el movimiento asociativo? 

Ha sido básico. Al principio, era ella la que estaba a pie de calle, la que luchaba con mayor decisión porque veía mejor cuales eran las prioridades y las reivindicaciones necesarias. Muchas luchas en los barrios no se hubieran ganado si no hubieran sido por las mujeres. Ahora todos nos enfrentamos al drama de los crímenes sexistas. Las comparaciones son odiosas, pero para los crímenes de ETA nunca faltó dinero ni medios. Los crímenes sexistas han acumulado más víctimas a lo largo de los años que las que provocó el terrorismo, y a pesar de todo se titubea y no se aplican todos los mecanismos necesarios.

¿Hay un mapa de la Barcelona reivindicativa?

Los barrios que están afectados por problemas sin resolver se unen y pelean juntos, y se han creado plataformas y coordinadoras para enfrentarse a los que generan la movilidad y el turismo, por ejemplo. El activismo ya no se deriva en exclusiva por problemas individuales de los barrios, sino por conflictos comunes. Ahí sí podemos decir que las reivindicaciones nos han globalizado.

¿La historia de Carrer es la historia de los conflictos en Barcelona?

Preparamos un libro que será algo así como el acta de lo que ha ocurrido en la ciudad durante nuestros 25 años de existencia. Y sí, será la historia de los conflictos que ha vivido esta ciudad, empezando por aquellos primeros que podíamos llamar del urbanismo confabulado, el tema de la calle Tarragona, Piscinas y Deportes, el Plan de Hoteles, etc. Hasta los más actuales.

¿La información sobre los barrios ya no genera interés periodístico?

Lo que ocurre es que los intereses de las empresas periodísticas son otros, eso está muy claro. Y luego todo viene marcado por los índices de audiencia, de venta. El otro día me encontré en un vagón del metro con todos los asientos llenos de ejemplares de La Vanguardia marcados con una franja roja para evitar su venta; los regalan para aumentar de manera falsa la tirada, y también hay suscripciones colectivas gratuitas para hospitales y otros centros. El objetivo es falsear las tiradas, porque las ventas siguen bajando, pero quizá el error está en los contenidos de la prensa.

¿Sigue necesitando Barcelona una revista como Carrer?

Sí, sin duda. Los tiempos que corren no alimentan interrogantes sobre qué se hace y cómo se hace. Hay que romper con esa imagen de que la participación ciudadana debe limitarse a votar cada cuatro años. La realidad nos debe empujar a ser activos y vivos en la ciudad, porque la crítica cada vez es más denostada. Durante los últimos años la prensa ha cambiado muchísimo y ha hecho acto de presencia uno de los grandes peligros de la información local y política: los gabinetes de prensa que quieren controlar, monopolizar y repartir la información de acuerdo con las conveniencias de políticos y empresas. Sume a eso la crisis que ha sufrido el sector de los medios de comunicación, los periodistas cobran poco y mal, las páginas de los diarios se acaban llenando a golpe de llamada a los gabinetes de prensa que pagan con exclusivas los buenos comportamientos de algunos periodistas y castigan a los que no se pliegan a sus conveniencias. El espacio dedicado a lo que pasa en los barrios es cada vez menor, hay otras sensibilidades, otros intereses.

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