Aznar solo tiene tres ideas: España, España y España

Gobernantes, políticos, banqueros, empresarios, militares, jueces, eclesiásticos, intelectuales y personajes influyentes de nuestro país caen a menudo en excesos dialécticos que podrían definirse como sandeces. Esta serie  pretende dejar constancia de algunas de ellas difundidas tanto en el presente como en el reciente pasado.

Antología de sandeces políticas (8)  

Ángel Sánchez de la Fuente
Periodista

El primer volumen de las memorias de José María Aznar no hace otra cosa que ratificar lo que mucha gente ya sabía: que el caballero es un nacionalista español de vuelo gallináceo muy próximo al pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española. En la página 103 del libro, Aznar cuenta una anécdota muy significativa, relacionada con la charla que, el 14 de julio de 2001, el entonces presidente francés Jacques Chirac mantuvo con los Reyes de España en el Elíseo: “Durante la conversación –escribe Aznar–, salió mi nombre a colación y Chirac le dijo a don Juan Carlos: ‘Ah, mi amigo José María… A mi amigo José María solo le preocupan tres cosas: la primera, España; la segunda, España; y la tercera, España.’ El Rey me contó la anécdota con emoción y a mí me emocionó que me la contase, porque lo que dijo el presidente francés era verdad.”

¿Se puede ser un buen presidente de España sin tener más ideas importantes que un patriotismo de vía estrecha, que rechaza cualquier concepción de una España plurinacional? En las páginas 107 y 108, nos recuerda la ponencia que defendió en el quinto congreso de Alianza Popular celebrado en febrero de 1982: “Mi posición era bastante clara: ‘No puede articularse un nuevo Estado si se pretende construir regiones fuertes a costa del debilitamiento y extenuación del Estado […] Ese proceso de ordenación y racionalización debía, en mi opinión, basarse sobre tres principios capitales: la defensa de la unidad nacional, el mantenimiento de la identidad cultural común y la protección de la unidad económica del mercado.”

Pese a todo, Aznar justifica los pactos puntuales a los que llegó con los nacionalistas catalanes y vascos cuando no tenía mayoría absoluta en su primer Gobierno. Y, con esa prepotencia tan característica suya, concluye: “Siempre he pensado que, al final, los nacionalistas hacen los que unos y otros les dejamos hacer.” Al menos de momento, cuando los nacionalistas catalanes y vascos ganan las elecciones, los dejan gobernar. Aunque lo hagan mal, como el propio Aznar sentenció a finales de noviembre: “Los nacionalistas son malos gobernantes, y cuando intentan gobernar los territorios que consideran suyos, normalmente organizan grandes líos y generan grandes problemas.”

Esa prepotencia rayana en la chulería queda bien patente al explicar, en la página 111, la visita que giró a Valencia cuando Eduardo Zaplana era presidente de aquella comunidad. “Con la mejor de las voluntades –palabras de Aznar–, el presidente de la Feria de Muestras me dio la bienvenida como si hubiese llegado a Luxemburgo, Bélgica o cualquier país extranjero. Tuve que empezar mi intervención agradeciéndole la amabilidad, pero pidiéndole que se ahorrase el protocolo: ‘Estoy aquí porque esta es mi casa, este es mi país y estamos en España. No hace falta que me den la bienvenida oficial.”

En fin, desde que Aznar escribió aquellos artículos tan españolistas en su etapa de Logroño hasta la fecha, poco ha cambiado. Y lo mismo puede decirse de lo que pensaba en sus años de universitario y lo que piensa muchos años después. En la página 64, narra su vivencia en una residencia de estudiantes de Ginebra donde se instaló en 1974 para cursar francés: “De aquella experiencia recuerdo una anécdota que con los años se ha convertido en habitual. El primer día del curso cada alumno tenía que presentarse y decir de qué país procedía. Cuando le llegó el turno, uno de los pocos españoles dijo: ‘Yo soy del País Vasco.’ Tuvimos nuestra primera discusión.”

Veintitrés años después, cuando se perfilaba como presidente del Gobierno, yo mismo en persona le escuché referirse al País Vasco con el nombre de “las Vascongadas.” Claro que, una vez en la Moncloa, calificó a ETA de Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

Duran Lleida no mató a Kennedy, pero casi

Víctima de su propia biografía política, el líder de Unió dentro de la federación CiU, Josep Antoni Duran Lleida, acaba de quejarse as: “Tengo la suerte de que cuando mataron a Kennedy yo tenía 11 años. Si no, también me harían responsable.” Duran no está bien visto por el sector soberanista del pujolismo porque está más cerca del PP que de ERC. Él ha ido asumiendo sus propias contradicciones como ha podido. Si a finales de 1994 dijo que “el PP y Unió Democràtica son muy distintos; se parecen como un huevo a una castaña,” cuando le convino se descolgó con esto otro: “Somos uñas diferentes, de dedos diferentes, pero de una misma mano que damos juntos.” Hermoso, ¿no?

Más lamentos del pobre Duran. Este data de agosto de 1998: “Me han tratado desde Convergència como nunca lo ha hecho ni la oposición.” Y para que no haya dudas, esta revelación fechada en diciembre de 2000: “Desde CDC me ofrecieron ser ministro para apartarme de una candidatura a la Generalitat.”

¿Qué hace un democristiano como él en un sitio como este? Ganarse el cielo, en caso de no poder ganar la tierra.

Quitarse de encima a Bankia

“Aprobamos las cuentas de Bankia para quitárnoslas de encima de la forma más rápida posible,” fue lo que le dijo al juez el vicepresidente de la CEOE y presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández Álvarez, quien compareció hace unos días ante la Audiencia Nacional para aclarar qué ocurrió en la entidad bancaria para que figurase que se ganaba dinero cuando, en realidad, se perdía a espuertas. Se puede decir más alto, pero no más claro. ¿Para qué perder el tiempo en revisar a fondo las cuentas cuando ya se han ingresado los 115.000 euros que en 2011 cobró como consejero? Por cierto, don Arturo es admirador de Esperanza Aguirre y concuñado político de don Gerardo, el otro admirador. Este —Díaz Ferrán– está entre rejas.

Los nazis catalanes de Paco Vázquez…

El alcalde socialista más fraguista que ha tenido A Coruña –Francisco/Paco Vázquez, naturalmente—ha reaparecido para opinar sobre la inmersión lingüística del catalán. Y lo ha hecho con demagogia y ausencia de rigor: “No hay ninguna diferencia entre un judío con estrella amarilla perseguido por los nazis y un niño catalán castigado por hablar castellano en el patio del colegio.” ¿Sabe el señor Vázquez lo difícil que es encontrar a una criatura que hable catalán (sí, catalán) en los patios de los centros escolares catalanes? ¿Cree de verdad este burgués socialdemócrata que en Cataluña funciona una Gestapo disfrazada de Mossos d’Esquadra persiguiendo a los castellanohablantes? En vez de ir tanto al Vaticano, viaje a Barcelona y a su área metropolitana y comprobará lo engañado que vive.

…Y los nazis catalanes de Pepe Bono

¿Qué les han dado a los socialistas históricos para que anden tan obsesionados con el Tercer Reich? Antes de que Paco Vázquez disparase como acabamos de ver, José/Pepe Bono colocó la diana. El expresidente de Castilla-La Mancha dejó dicho: “Cuando en Alemania empezó a ser sospechoso tener dos identidades […] Cuando ser alemán y judío empezó a ser sospechoso, las cosas empezaron a ir mal.”

El problema es que Bono simplifica todo lo que quiere y más para llevar el agua a su molino. Que se sepa, los alemanes de religión judía no tenían otra identidad que la alemana. Si luego Hitler los exterminó, eso obedeció a otras execrables razones bien conocidas. Si en Cataluña un Hitler con barretina está gestando un plan de exterminio de los no nacionalistas catalanes, que Bono dé detalles con pelos y señales o que calle para siempre. Evidentemente, esto último en él es imposible.