Aventis

Recordaré siempre el acerado brillo en los ojos de Miguel de la Quadra Salcedo sobrevolando el Parque Nacional de Canaima en una precaria avioneta bimotor. Repentinamente el piloto nos dejó petrificados con una interminable caída en picado sobre la espumosa vertical del Salto Ángel, una prodigiosa caída de agua de 1.283 metros. Esa inolvidable mirada infantil, plena de asombro, alegría y exaltación vital, me reveló la clave de su personalidad: una curiosidad ilimitada por el milagro del mundo y de sus gentes.