Avance decidido hacia el pasado

La Transición comenzó el 20 N del ’75, cuando la gente vio que después de la muerte de Franco, el poder quedaba en manos de un llorón trasnochado. Era la transición desde un sistema fascista a una democracia.

La Transición se acabó el 12 de marzo del 2000 cuando José María Aznar consiguió la mayoría absoluta y pudo destapar el tarro de sus esencias sin complejos. El camino desde el fascismo a la democracia, que ya se entreveía, se invirtió, y se puso en marcha un proceso que se pretende inexorable de regreso hacia el totalitarismo, hacia el control por un único protagonista de todos los poderes del Estado. Se acabó la Transición y comenzó la Regresión. ¿Regresión, hasta dónde?

No parecía muy coherente pensar en que se pretendía llegar hasta las montañas nevadas y las banderas al viento. Demasiada similitud con Corea del Norte. Regresión, sí, repito, pero ¿regresar hasta dónde?

Rajoy ha tenido a bien resolver nuestra duda: En un acto celebrado en Valencia, uno de sus más fieles feudos controlado por sistemas caciquiles heredados del siglo XIX, y en apoyo de su cacica mayor, afectada por los calorets propios de estos tiempos, ha tenido a bien desvelar la meta:

Ha despreciado hablar de naderías como los programas del partido. Simplemente –y transcribo las crónicas– se ha ofrecido a él mismo y a sus candidatos como los únicos “a disposición de los españoles” para consolidar en el futuro la creación de empleo frente a todos los demás, a los que ha descalificado como “zascandiles, amateurs, comentaristas o tertulianos”. Ésta es la clave.

A Cánovas, al montar la Restauración, le pidieron que definiera su programa y que concretara ‘quiénes eran’. Despectivamente soltó que los españoles ya lo sabían: Somos los de ayer y los de siempre y nos conocen perfectamente. Los demás son nadie decente. Todos peligrosos.

Así se entienden los pasos que va anunciando y realizando este Gobierno: El mantenimiento del caciquismo, el poder para la policía, el centralismo y el recorte de ‘fueros’, el integrismo religioso, la persecución de la libertad de información y de expresión…

Esta Regresión no se queda en el Nacionalsindicalismo: Nos lleva directamente a la Restauración, al Canovismo del XIX.