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Günter Grass

Explicó que se había instalado en Berlín Occidental en 1953 porque pese a lo absurdo de la situación de esa ciudad, por entonces dividida, se sentía más cerca de la realidad de Europa, presidida por el enfrentamiento de las ideologías.

Iba conmigo Josep Ramoneda. Hablamos con Grass de muchas cosas a lo largo de dos horas. Nos hizo de intérprete Victor Canicio, que iba para estrella de la literatura y se quedo en un par de libros. El autor de El tambor de hojalata habló de fútbol y de amor. Se anticipó en el diagnóstico de la crisis actual al vaticinar que venían malos años para los jóvenes porque  Europa se encontraba en la fase final de la prosperidad económica. “El futuro está bloqueado”, sentenció.

Dijo que ninguno de sus cinco hijos tenía un tambor de hojalata y con su aire entre cordial y distante, brillante y frío, lúcido y quizá por ello pesimista, nos vaticinó que la cantidad de problemas a nivel global que deberíamos afrontar en el inmediato futuro iban a sobrepasar nuestra capacidad de respuesta.

El terrorismo, por ejemplo. Grass opinaba, y el tiempo le está dando la razón, que la reacción ante el terrorismo es mucho más peligrosa que el propio terrorismo porque un sentido histérico de la seguridad nos llevará a la perdida de libertades.

Pero de aquella conversación lo que no he olvidado, sin necesidad de releer la entrevista, fue que Günter Grass, mientras encendía con parsimonia el decimosegundo cigarrillo de la tarde, nos dijo que lo que más encontraba a faltar en la sociedad era la ternura. “El ser humano se avergüenza de la ternura, y es una lástima”, añadió con tristeza.

Eduardo Galeano

Galeano era un fabuloso narrador oral. Sus historias, sus personajes cautivaban más incluso que sus libros. No tenías que esforzarte en leer. Escuchabas. Un día me contó que un chico  se le acercó en La Habana y le preguntó si Marx escribió algo contra los comedores de vidrio.

– Que yo recuerde, no -le respondió Galeano.

El joven le explicó:

-Soy héroe nacional del trabajo, premio en la recolección de la zafra, modelo de trabajador entusiasta y eficiente pero me gusta mucho el vidrio- y sacando de la mochila una bombilla se la empezó a comer.

Siguió explicando, mientras degustaba la bombilla:

-Todos me premian, felicitan, me ponen como ejemplo pero no me dejan ingresar en las juventudes del Partido Comunista porque como vidrio. Por ejemplo, hoy ha ido todo bien hasta la hora de merendar en la que saque  de la mochila un par de gastados tubos de neón que me ha puesto mi madre porque sabe que me gustan mucho y los compañeros me han mirado raro y me han dicho que el marxismo no admite a los comedores de vidrio…

El Galeano narrador divertido se volvía sombrío cuando explicaba lo que fueron aquellos años de América Latina, un mundo, decía, “especializado desde el poder en picar humana, un mundo en el que más grave todavía que la muerte de la gente era la muerte de la esperanza”.

La última vez que nos vimos ya vivía en su Uruguay democrático y hablamos de fútbol, su gran pasión. Ha muerto. Ya no me contará más historias. Como la del hombre que se ganaba la vida domando zapatos en un parque de Buenos Aires.

Oriundos

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Heredia

Parece que proliferan en el extranjero los que dicen ser descendientes de españoles y piden la nacionalidad. Hoy parece que hay gente que por dinero está dispuesta a afirmar que el solicitante es familiar muy querido aunque se le perdió la pista hace años. La Policía sugiere que para acabar con el negocio se prueben los parentescos con el ADN y un abogado ha dicho que basta con el certificado expedido por un consulado para probar el origen español. Puedo pasarle al abogado los centenares de folios en los que en los años setenta los consulado expidieron certificado de origen español a futbolistas que de origen español no tenían nada. Por poner solo dos ejemplos: Heredia, del Barcelona, y Roberto Martínez del Español.

Judeomasónicos y otras hierbas

Durante los años negros del franquismo aprendimos, a fuerza de oír machacar una y otra vez la expresión, aquella gilipollez de la conjura judeo-masónica que conspiraba contra España. Llegó a ser una seña de identidad del leguaje de los sicofantes de aquel régimen sanguinario de corazón podrido.

Aquel franquismo, nunca rendido, nunca derrotado, siempre resucitado, se ha puesto al día: Los judíos ahora son israelíes matamoros, como Santiago; y los masones… no hay jovencito de menos de sesenta años que sepa quienes son. Como mucho, los más cultos creen que eran una especie de club a los que Mozart les hacía musiquitas…

… de forma que el ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, el heredero de Acebes, el heredero de Rajoy, el heredero de Mayor Oreja, el heredero de Martín Villa, el heredero de Fraga, el heredero de García Hernández, el heredero de Arias Navarro, el heredero de Camilo Alonso Vega, el heredero de Serrano Suñer… el heredero de tantos vertedores de sangre, maestros de infamia, generadores de vergüenza… Ha actualizado el eslógan: Ahora estamos en la conspiración soberanista-yihadista.

¿Quién da más?

¿Puede España sobrevivir al PP? (VI)

Salario-minimo-interprofesionalMarcos Cruz
Consultor

 El salario mínimo interprofesional 

Uno de los mantras más repetidos en esta legislatura desde el gobierno de nuestra nación es que “los españoles debemos trabajar más y cobrar menos para ser más competitivos”. Parece evidente que cuando se habla de ello y se esgrime, como argumento que refuerza esa tesis, que nuestras exportaciones han crecido es que se está pensando en un modelo económico determinado.

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Genocidio armenio

Duró tres años, aunque otros lo extienden cinco más. Comenzó en 1915 y no se puede precisar el día, o sea que hoy, que el Papa ha hablado por primera vez en público sobre el tema usando la palabra ‘genocidio’, es una fecha tan buena como cualquier otra para conmemorar aquella masacre.

Si no nos ponemos de acuerdo en cuantas vidas costó nuestra guerra civil, y nos descontamos con los que tuvieron que huir con lo puesto y con los que murieron, o les murieron, durante la fuga, es comprensible que haya discusión con los muertos armenios: Más de un millón parece seguro; dos millones sería posible.

Al reventar todas las costuras del podrido imperio otomano, los armenios que escapaban del horror se dispersaron por el ancho mundo. En la frontera rusa se fue formando un estado que pasó por múltiples vicisitudes derivadas del poderío de sus dos vecinos imperiales y de otros pequeños vecinos locales, que culminó a la caída del régimen soviético con un estado independiente, la República de Armenia, en el que no todos son armenios y en el que no están, ni muchísimo menos, todos los armenios descendientes de las generaciones masacradas que, como he anotado, se repartieron primero por el Mediterráneo Oriental, especialmente por el Líbano, luego por Europa, especialmente por Francia, luego por América, especialmente por los Estados Unidos y finalmente por todo el mundo. Las familias siguen conservando la memoria de su pueblo y del genocidio, aún quedan abuelas –pienso en una familia que vive en California– que sólo hablan armenio. Durante décadas encontrabas por todas partes (en Bélgica, en Grecia, en Venezuela…) gentes que habían vivido aquellos años de horror en primera persona; ahora son los hijos, ya viejos, de los que de niños padecieron el genocidio, y sus nietos, que andan por los cincuenta, los que mantienen la memoria.

El avispero de Oriente Medio hace que la posición de Turquía se complique aún más: La que fue la esperanza de Occidente, como tampón primero para evitar que la Unión Soviética golpeara el vientre blando del que decía ser el Mundo Libre y luego para impedir el contacto directo con los integrismos musulmanes; y a la que, con estas esperanzas, se le ha hecho la vista gorda de todos sus errores, por usar la palabra suave que se empleaba, como ‘lo de los armenios’, ‘lo de los chipriotas’ y ‘lo de los kurdos’, está entrando en una peligrosa fase de conflictos internos que están cerca de alcanzar su masa crítica. En el momento que reviente, esa guerra del Afganistán y los talibán que empezó hace veinte años, habrá traído sus trincheras a Europa.

La sangre Armenia derramada en 1915, un siglo después, se puede volver contra los que la vertieron y los que miraron a otra parte.

 

Foto de portada: Los soldados turcos junto a los armenios que iban a ser deportados.  AFP