Mostra totes les entrades de Editor

La Lamantable és un blog d'informació crítica, format per un grup de persones heterogènies, tant en l’aspecte personal com en el professional, a les quals els uneix el sentiment de l’amistat.

Hemorroides oculares

Entre las noticias escalofriantes que nos asaltan cada día, desde cerca o desde lejos, leo una que me deja turulato:
Jennifer Aniston, aquella eterna jovencita semi-pija semi-insignificante, ya más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, se toma, por lo que dicen, unos trabajos enormes en mantener esa imagen. Como una de sus mayores preocupaciones son las bolsas y ojeras, ha confesado que cada mañana, cuando se despierta, se aplica pomada para las hemorroides bajo los ojos y éstas desaparecen de inmediato.
Los tiempos cambian. Samuel Beckett, en uno de sus poemas, monta un retruécano situándose en un entorno feliz de la Rue Mouffetard y afirmando que sufre algo asqueroso: henorroids, lo que desconcierta al traductor que acostumbra a salir del paso transcribiendo gallinorroides. Cuando en mis tiempos de estudiante leí estos versos creí que nunca más encontraría esta referencia en un entorno artístico. He necesitado medio siglo para descubrir mi error.
Todavía bajo el impacto de estas fórmulas creativas para solucionar problemas, me planteo:
Estamos como el protagonista del Act whitout words, nos sorprenden y nos dan ligeras esperanzas, pero parece como si se regodearan en hurtárnoslas en cuanto nos las creemos y actuamos en consecuencia. Ni nos dan la oportunidad de abrir la boca. Hasta que nos quedemos idiotizados.

Llegamos a plantearnos: ¿Habrá algún remedio, ni que sea un antihemorroidal, que nos pueda eliminar los efectos de este régimen inhumano al que se nos somete?

Y, como no se nos aparece, tenemos que afrontar el dilema:

Podemos considerar que, ya que llega la noche en que el alma va a sernos reclamada, como no hay quien lo aguante, la entregamos una hora antes.

O, llevados del cabreo, nos alzamos contra ese mar de angustias, y acabamos con todas a hostia limpia.

¡Qué clarito que hablaban los clásicos, los de antes y los de ahora!

 

Memoria u olvido

“Hay cosas que ocurrieron y no se pueden olvidar porque cuando se olvidan conscientemente el resultado para un pueblo es grave. Siempre se acaba pagando un precio por olvidar. Memoria u olvido. Ese es el tema”.  Me lo dijo Ariel Dorfman, autor de La muerte y la doncella, conversando sobre la memoria de asesinatos y torturas sumidas en el olvido oficial al llegar la libertad. Lo he recordado leyendo la requisitoria argentina contra gente del franquismo a los que, aquí,  la democracia no quiso juzgar.

Rajoy y los diez negritos

La crisis del PP es la versión política de Los diez negritos, de Agatha Christie: van cayendo uno tras otro. ¿Caerá también Rajoy? Es gallego y registrador de la propiedad, dos datos a tener en cuenta para medir su aguante. Recuerdo una pintada en el metro de Barcelona, en mayo del 96, al poco de ganar Aznar las elecciones. Decía: Váyase, señor Aznar. Son ya demasiadas horas. ¿Pintará gente del PP algo similar sobre Rajoy al ver que los negritos siguen cayendo?

Psicosis de corrupción

Almuerzo con amigos. Se habla de muchas cosas. El abogado explica que hubo unos años en los que todos los presos pedían el traslado a la cárcel de (cita el nombre, que por prudencia obvio) porque era la única en la que con la comida se servía un vaso de vino. El amigo sociólogo da la voz de alerta: “Es probable que el director o un familiar tuviesen un viñedo y el vaso de vino formase parte del negocio”. Psicosis de corrupción. Ya es nuestro ADN colectivo.

Una cosa es predicar y otra dar trigo

Todavía colean los comentarios a las notas de los exámenes de la banca europea. Todos, políticos, economistas y periodistas, dicen lo mismo: A ver si ahora que se ha demostrado que son solventes, los bancos empiezan a dar créditos para que arranque la economía.

Los políticos mienten por vicio, los periodistas por ignorancia y los economistas porque están hartos de que nadie les haga caso y se sacan el tema de encima lo más rápidamente posible.
Los bancos no daban créditos no por falta de solvencia de ellos, sino por falta de solvencia de los que deberían devolver el dinero que se les prestara.
Y como los posibles candidatos a recibir los créditos seguirán siendo insolventes, se quedarán en eso, en candidatos, sin créditos.
Para que un particular o una empresa reciba un crédito, antes debe probar que es solvente. Antaño, cuando todo subía (los sueldos crecían y el puesto de trabajo era estable, los precios subían y el valor de la vivienda hipotecada también…) la solvencia se calculaba con unos baremos que tenían en cuenta todo eso. Cuando las subidas se acabaron y la gente fue al paro el modelo se rompió, y la culpa de la debacle se atribuyó a los baremos optimistas de la banca (“¡Y daban hipotecas a todo el mundo…!”) llamándoles codiciosos, cuando antes a los que eran más estrictos les tildaban de roñosos.
Y si pensamos en empresas, antes una previsión de ventas era una venta. Ahora una venta es una plegaria: “¡Virgencita, que no se echen atrás!”.

Para personas y empresas, los nuevos baremos no los han inventado los banqueros. Han sido las autoridades políticas (los que les examinan) quienes les han dicho: Hipotecas a viejos, no, que se morirán antes de acabar de pagarlas y los herederos… ves tú a saber; y garantizadas por la vivienda, no; que prueben unos ingresos seguros que permitan pagarlas. Créditos a empresas no, a no ser que tengan visibles dineros para poder devolverlos, Y, si no, que amplíen capital, como han hecho los bancos…
Los banqueros dicen querer dar créditos: “Es nuestro negocio”. Es retórica. Ahora tienen otros negocios más seguros. Deuda pública, por ejemplo.