Anton Costas

Por José Martí Gómez

Alto, de porte elegante pese a un cierto aire desgarbado, con notable pero controlado sentido del humor y la austeridad y amante de las orquideas, Antón Costas, ex presidente del Cercle d’Economia y catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona ha escrito La nueva piel del capitalismo, junto a su colega Xosé Carlos Arias (lo edita Galaxia Gutemberg).

“Un intento de analizar las mutaciones en las tres últimas décadas del capitalismo”. Esa sería la síntesis del libro, segun las palabras del propio Costas en la presentación en la sede del Cercle. Cuatrocientas páginas densas que llevan a la conclusión de lo necesario y urgente que es “moralizar al captalismo porque la alternativa es la barbarie”.

Cómo se ha llegado a este punto de un capitalismo rapaz tras haber sido un factor de equilibrio en el mundo surgido de la posguerra, es largo de explicar. Como también es complejo explicar cómo fue posible y porqué acabó la luna de miel entre el capitalsimo y la socialdemocracia, un pacto que permitió la puesta en marcha del estado del bienestar hoy en crisis.

Sostiene Costas que no estamos ante una evolución del mercado sino ante una patología de un capitalismo sin ética y sin moral que provoca un estado de malestar, de fragmentación e incertidumbre ante el inmediato futuro. La incertidumbre, el vacío político, se vive con intensidad en Europa, donde el déficit de legitimidad democrática en las instituciones europeas ha llevado a que hayamos pasado del entusiasmo europeista a un miedo que paraliza nuestras instituciones supranacionales.

Entre desigualdad y pobreza ¿cabe preguntarse qué debe preocuparnos más? Costas cree que no debemos formularnos esa pregunta. Lo ugente es que nos preocumemos de las dos porque un 40% de la población ya ocupa la parte baja de la distribución de la renta y la riqueza.

Escriben Costas y Arias:

“La dimensión elefantiásica de las finanzas, el cáracter hiperfinanciero del nuevo capitalismo y su evolución en gran parte fuera de posibilidad de control efectivo, han estado en el centro de los problemas econòmicos contemporáneos. Mientras no se devuelva a los mercados financieros su condición instrumental a escala humana, mientras no queden embridados por unos estrictos controles, continuarán siendo un obstáculo para una recuperación de la economía internacional que sea genuina y sostenible”.