Año 2060: punto final al petróleo

Entrevista a Jordi Pujol i Soler, ‪uno de los socios fundadores de CMES – Col.lectiu per a un Nou Model Energètic i Social Sostenible”

Attachment-1 (1)
Pujol i Soler, junto a una de las estufas de las terrazas barcelonesas, ejemplo de derroche energético. Foto de SALVADOR SANSUÁN

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

En el plazo de 50 años, las reservas de uranio y de combustibles fósiles –petróleo, gas, carbón– estarán agotadas. Y mucho antes, si se mantiene el modelo actual de consumo energético, esas materias primas irán agotándose y los precios aumentarán de manera exponencial. Este inquietante dato no está extraído de una novela de ciencia ficción ni es la predicción alarmista de un predicador que llama al arrepentimiento ante la inminente llegada del fin del mundo. Es un dato rigurosamente calculado por un ingeniero que ha utilizado cifras oficiales y públicas para llegar a esas conclusiones, datos que no han sido rebatidos. Nadie ha discutido la veracidad del plazo para el mantenimiento del desarrollo actual, basado en el consumo voraz de combustibles fósiles, y tampoco se han producido reacciones para evitar el desastre que podría afectar a las próximas generaciones si no se toman medidas. Con una excepción: CMES (Col.lectiu per un nou Model Energètic i Social Sostenible) entidad constituida para profundizar en los estudios existentes y, sobre todo, para buscar soluciones. CMES tiene su sede social en la Universitat Politècnica de Catalunya y está formada por profesionales de diversos ámbitos, ingenieros, informáticos, geólogos, químicos, periodistas, sociólogos, editores, abogados y economistas, entre otros. La Lamentable ha entrevistado a Jordi Pujol Soler (Badalona, 1946), ingeniero industrial, secretario de la entidad y uno de los socios fundadores de la misma.

 

En 50 años nos quedamos sin petróleo, eso es muy serio. ¿Quién y cómo ha fijado ese plazo?

El ingeniero Carles Riba ha publicado el libro Recursos energéticos y crisis. El fin de 200 años irrepetibles en el que, a partir de datos rigurosamente ciertos, elabora un calendario del agotamiento total de de los combustibles fósiles, que fija para dentro de 50 años, siempre y cuando se mantenga el modelo actual. Los datos que maneja el libro proceden de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y de diversos organismos de Estados Unidos, es decir son datos conocidos y públicos pero que se facilitan de una forma intencionadamente confusa, con una gran dispersión de las unidades de medida y sin relacionar reservas y consumo. La situación real que hay tras esos datos queda escondida, y de ahí la importancia del estudio de Riba, que clarifica la situación y extrae conclusiones. Otro ingeniero, Ramon Sans, ha planteado e iniciado el proyecto-marco La transición energética del siglo XXI, un trabajo que demuestra con números y datos que es viable la transición de las energías fósiles a las renovables. El estudio también analiza los itinerarios energéticos, los rendimientos de los procesos industriales y plantea las falacias actuales sobre los usos y eficiencia de la energía.

¿También hemos sido unos manirrotos en el consumo energético?
Los combustibles fósiles se han utilizado como si fueran inacabables y con unos procesos y rendimientos escandalosamente bajos. Voy a poner algunos ejemplos prácticos. El consumo del cuerpo humano de una persona de edad media en su actividad biológica es de unos 120 Watt, pero un habitante de EEUU consume unos 12.000 Watt., un europeo 5.000 Watt y un africano 960 Watt. Las sociedades desarrolladas consumen gran cantidad de productos y mercancías que han recorrido miles de kilómetros a lo largo de la superficie de la tierra antes de ser utilizadas, con el gran dispendio de energía que ello supone. Cuando se quema fuel en una central térmica para producir energía eléctrica el rendimiento es de un 33%, lo que significa que el 67% restante se desperdicia en forma de calor o calentamiento del agua de un río. Lo peor del caso es que hay soluciones para aprovechar ese calor sobrante, pero no se aprovechan porque no se considera necesario. El rendimiento de un coche con un único ocupante es aproximadamente el 1%, es decir que por cada 100 unidades de energía química que tiene el petróleo se aprovecha una unidad para desplazar a una sola persona. En Holanda, el consumo del alumbrado público por habitante y año es, aproximadamente, de 40 kWh, en Francia, de 80 kWh, pero en España llegamos a 120 kWh. Y si vamos sumando, se llega a la conclusión de que, efectivamente, hemos malgastado y seguimos derrochando la energía.

Foto de SALVADOR SANSUÁN
Foto de SALVADOR SANSUÁN

¿Ha habido irresponsabilidad en ese derroche?
El consumo mundial de energía crece en progresión geométrica a razón de un 1,31% anual. Solo en los últimos 28 años, desde 1980 hasta el 2008, el consumo se ha incrementado un 72,23% y la población ha crecido un 50%. El 84% de la energía que consumimos corresponde a no renovable, y el 16% restante a renovable, sea hidroeléctrica, eólica, fotovoltaica, termosolar o biomasa. En los últimos 200 años se ha consumido, aproximadamente, el 50% de las reservas de petróleo, el 33% de las de gas, el 25% de las de carbón y el 33% de las de uranio. Estas son cifras conocidas y también sus efectos y a pesar de ello no se han tomado medidas, así que es fácil deducir que se han dado ciertos niveles de irresponsabilidad.

Explíqueme cómo será el proceso hasta el fin de las reservas fósiles.
Si se mantiene el modelo actual de consumo, en el plazo de 35 años, más o menos, se agotará el petróleo y a partir de este momento el consumo energético que dependía de ese producto se deberá repartir entre las energías existentes, de forma que en 50 años, aproximadamente, se agotarán los otros combustibles, incluido el uranio. La crisis económica actual puede retrasar esos plazos, pero no será significativo.

¿Descarta la posibilidad del descubrimiento de nuevas reservas petrolíferas?
El descubrimiento de nuevos recursos extraíbles sigue un ritmo muy inferior al consumo de combustibles fósiles. Los valores de las reservas de combustibles han sufrido una grave manipulación con el objetivo de enmascarar el problema, es lo que se llama “reservas políticas”. Cito un ejemplo. En los años 80 se produjo un gran aumento de los recursos de petróleo porque la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) decidió limitar las cuotas de producción a las reservas existentes en cada país. Lo que ocurrió fue que los países productores, para poder aumentar sus extracciones, hincharon las cifras; Kuwait, por citar un caso, aumentó en 1985 sus reservas de 66,8 a 92,7 gigabarriles (.) Lo mismo hicieron los Emiratos Árabes Unidos, Venezuela y Arabia Saudita, entre otros. Otro salto importante en las cifras de las previsiones se produjo en el 2002, cuando se aceptó como reservas del petróleo una buena parte de las arenas bituminosas del Canadá, una especie de aglomerado asfáltico de difícil y poco rentable extracción. La aceptación supuso que, de golpe, las bituminosas pasaron a ser la segunda reserva mundial de petróleo.

¿Puede el fracking convertirse en la gran esperanza negra?
Ese sistema de perforación para la extracción no convencional es otra forma de crecimiento aparente de las reservas de gas y petróleo, pero tampoco resolverá nada y creará muchos problemas. Hay que tener en cuenta que en el inicio de la extracción de combustibles por cada unidad de energía utilizada para obtener combustibles fósiles se obtenían cien unidades, pero en la actualidad las explotaciones no convencionales, como el fracking, las arenas bituminosas, los petróleos ultrapesados y las que se realizan en las grandes profundidades marinas, se ha bajado el rendimiento de cinco a diez. Sin olvidar que generan una alta contaminación por emisiones de CO2 y producen graves daños al medio ambiente. Esta rentabilidad tan baja solo puede mantenerse con un elevado precio del petróleo.

Las reservas de combustibles fósiles se acaban en 60 años, las extracciones no convencionales dan más problemas que soluciones, ¿Qué futuro nos espera?
Hay soluciones, pero hay que cambiar el modelo. El trabajo ya citado de Ramon Sans, La transición energética del siglo XXI, es verdaderamente novedoso y demuestra con fechas y datos que es viable la sustitución paulatina y en su totalidad de energías fósiles por las renovables. Es decir que las energías hidráulica, fotovoltaica y eólica pueden cubrir prácticamente el consumo energético que ahora se hace a través del petróleo, el carbón, el gas y el uranio.

Prescindir del petróleo parece hoy una utopía, ¿Cómo se cambia el modelo?
Sans ha demostrado con rigor que si el proceso de cambio comienza en la actualidad, en el 2050 podría haber concluido la sustitución prácticamente total de los combustibles fósiles por energías renovables, eólica, fotovoltaica, termosolar e hidráulica. Esta previsión exige una mayor eficiencia en los procesos y un cambio profundo de hábitos de consumo, acabando con la actual concepción de confort basado en el derroche material y energético, pero al mismo tiempo garantizando un nivel de bienestar básico y el total suministro energético. En el caso de Catalunya supondría un ahorro acumulado durante esos 35 años de transición en torno a los 300.000 millones de euros, resultado de la disminución de compra al exterior de combustibles fósiles y teniendo en cuenta los costos de inversión en las renovables. Catalunya importa el 73,4% de los combustibles que precisa para sus necesidades energéticas, todo un derroche porque se desaprovechan las inagotables fuentes de energía renovable que tiene el país. Ese porcentaje es similar en España.

Para atender todas las necesidades energéticas habrá que ocupar todo el territorio con placas solares y molinos de viento.
El estudio de Ramon Sans demuestra que la superficie necesaria sería el equivalente al 1,25% del total del territorio, y en el caso de España y Europa ese porcentaje sería incluso inferior y los costes, proporcionalmente parecidos. Esa cifra no supone la ocupación del territorio, y baste como referencia, como dice Riba, que desde 1990 hasta hoy se ha urbanizado en Catalunya, aproximadamente, el 3% del territorio. La transición energética permitiría dejar de gastar en combustibles fósiles y utilizar el sol y el viento, que son gratis. El Estado español destina anualmente 53.000 millones de euros en la compra de combustibles fósiles, el 5% del PIB, una cifra que está aumentando de manera alarmante. Es necesario que la transición a las energías renovables se haga con capital propio y en un plazo no muy lejano, porque cuando las reservas de combustibles fósiles se agoten serán los oligopolios internacionales los que asuman la iniciativa del cambio, quienes impongan instalaciones, sistemas y costes. Tenemos materia prima –sol, viento– pero en cuestión de innovaciones tecnológicas nos estamos quedando en el furgón de cola. Alemania, sin ir más lejos, está desarrollando de forma intensa nuevas tecnologías tanto para generación como para almacenamiento. En nuestro país se invierte muy poco en renovables.

¿Tienen conocimiento los gobiernos de España y Catalunya de que en el plazo de 50 años pueden quedarse sin petróleo?
Es probable que lo sepan. Tienen que saberlo. Pero, de momento, no se reacciona, ni por asomo, con la urgencia que sería lógica. Los miembros de CMES hemos iniciado el proceso de divulgación de las conclusiones de estos estudios. Cuando se dan conferencias y charlas en centros cívicos y otras organizaciones la gente entiende el problema con claridad, acepta nuestra exposición con entusiasmo y se dan cuenta de la urgencia en tomar medidas, pero cuando nos topamos con la Administración la cosa cambia. Les interesa lo que decimos, pero todo queda ahí. Hace un par de meses expusimos a la dirección del Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible (CADS) el proyecto para pasar de los combustibles fósiles a los renovables; la primera reacción fue de gran interés y nos aseguraron que convocarían un consejo extraordinario, que aún no se ha reunido. También intentamos exponer el tema a los partidos políticos, de momento a ICV.

¿Tienen algo que ver las compañías eléctricas con la aparente inhibición de la Administración?
Las compañías eléctricas campan a sus anchas, tienen la sartén por el mango, son conscientes de que suministran un servicio indispensable para que la sociedad funcione y tienen al Estado en sus manos. No me creo las cifras del déficit tarifario energético, que se ha convertido en la coartada para el incremento de los recibos que pasan al usuario, son las compañías las que fijan ese déficit y el Estado lo acepta sin más. No conozco ningún técnico que acepte los costos que las compañías fijan; hay instalaciones que ya están amortizadas y que siguen computando en los costes y, al final, las compañías imponen sus actuaciones tanto a la Administración como a los usuarios, así que no es de extrañar que sean ellas las que intenten marcar, lamentablemente, el ritmo en la transición a las energías renovables.

Foto de SALVADOR SANSUÁN
Foto de SALVADOR SANSUÁN

A la espera de que transcurran esos 50 años, y ante la más que probable pasividad de los gobiernos, ¿qué puede hacer el ciudadano de a pie?
CMES trata de divulgar el problema y las soluciones porque es básico que el mensaje cale en la sociedad para que todos adquiramos un nivel de corresponsabilidad en la generación y el consumo energético. El cambio de hábitos a nivel individual, para pasar del consumo del derroche actual a uno más racional, puede parecen una nimiedad, pero la suma de esos voluntarismos es muy importante. Se pueden poner muchos ejemplos. Cuando una persona sube en un ascensor al tercer piso consume alrededor de 18.000 joul (.) de energía, la misma que consume una bombilla de 20 watt durante 15 minutos. ¿Qué remordimientos tiene un individuo que después de haber hecho 30 piscinas en su club llega a casa y recurre al ascensor para subir una planta? Ni se lo plantea. Se acepta subir a pie la escalera si es para hacer un poco de ejercicio, pero se tacha de tontería si lo que se pretende es ahorrar energía. Un vehículo consume un 13% más de gasolina si circula a 130 km/h que si lo hace a 120 km/h, y el mismo criterio se puede aplicar a todos los procesos industriales a gran escala.

Creo que nos está pidiendo que pongamos freno al crecimiento.
La crisis económica que estamos viviendo tiene una de sus bases, se reconozca o no, en la incompatibilidad entre el crecimiento económico y la limitación de los recursos energéticos fósiles y materiales. Históricamente, la solución clásica a las diversas crisis ha consistido en crecer, pero esa solución no es posible en la actual sociedad desarrollada, no podemos estar creciendo indefinidamente. La solución pasa por la utilización masiva de energías renovables, por cambios tecnológicos, por cambios de mentalidad, cambios sociales profundos y muchas complicidades. Se trata de un nuevo modelo energético, pero también social, que tenemos que conseguir entre todos.

_______________________________________________

(.) Un gigabarril equivale a 1.000 millones de barriles. Un barril es una unidad de volumen equivalente a unos 159 litros.

(.) El joul es la energía necesaria para desplazar un metro la fuerza de un newton (equivalente a unos 100 gramos)