Animales y animalistas

José María Mena
Jurista. Ex fiscal jefe de Catalunya

En Mas de Barberans (Tarragona) se celebraba un fiesta taurina, que llaman correbous. En Cataluña están prohibidas las corridas de toros, por ser un espectáculo bárbaro en que se maltrata a los toros. Esta prohibición es el resultado de una amplísima presión social. Han ido creciendo los criterios propios de una sociedad culta y civilizada opuestos al maltrato de los animales. Grupos y asociaciones autodenominadas animalistas han encabezado estas corrientes opuestas a las festividades taurinas. Sin embargo, los “correbous”, fiesta popular tradicional de algunas comarcas de Tarragona, no están abarcados por la culta prohibición. Están permitidos. Pero la misma presión social ha continuado, y ahora se centra en la vigilancia de los posibles malos tratos en estas fiestas taurinas populares.

En Mas de Barberans había dos mujeres animalistas que grababan imágenes del “correbou”, como modo de acreditar lo que ocurriera. Cuatro personas se sintieron ofendidas por ello. Las tradiciones, a veces, son irracionales e impulsivas. Una observación vigilante es, para esas personas, una ofensa a su fiesta, a su pueblo, a ellos, a su identidad, o vaya usted a saber a qué más. En un vídeo se puede observar cómo las empujaron, agredieron, arrastraron por los pelos, y les quitaron las cámaras fotográficas, arrojándolas al ruedo. Lo más sorprendente del vídeo es el público. Nadie interviene para impedir el atropello. Nadie auxilia a las mujeres agredidas. Se ve a varios hombres indiferentes, y uno sonríe. Son la Fuenteovejuna de la tauromaquia aldeana.

Lo del toro de La Vega, de Tordesillas, es lo mismo, pero a lo grande, con pretensión de ser considerado fiesta de interés nacional. En esa fiesta el toro es perseguido, acosado, y acribillado por un montón de personajes armados de lanzas y otros objetos punzantes más o menos artesanales, a pie y a caballo. A los de Tordesillas tampoco les gusta que quede imagen de su hazaña. El año pasado algunos periodistas que lo intentaron fueron insultados y zarandeados, y sus cámaras sufrieron la misma suerte que las de las animalistas de Mas de Barberans.

toro vega
Un participante clava al toro la lanza durante el festejo del Toro de la Vega. Foto: Pacma

Los de Tordesillas pretenden que se conserve y estimule su fiesta porque, dicen, guarda una imagen festiva histórica, medieval, la de los jinetes alanceando al toro. No tienen razón. En las fiestas más celebradas, desde la Edad Media, los caballeros salían a la plaza de la ciudad o la villa a alancear al toro. Pero, a diferencia del alboroto de Tordesillas, los caballeros antiguos salían sucesivamente, no en tropel. Salían exponiéndose ellos, y lo que era más grave, sus lujosos caballos.

Los caballos, hasta hace poco, eran las víctimas más desdichadas e indefensas de la carnicería sanguinaria de la fiesta. Los caballos de los picadores morían en el ruedo, con las tripas esparcidas por la arena. Una misma tarde podían quedar, para arrastre de las mulillas, cuatro o cinco.  Solo más tarde se inventaron los petos protectores, que ahora empiezan a fabricarse con el mismo material que los chalecos antibalas.

Pero los petos no llegaron por piedad ni por estética, sino porque empezaban a escasear los caballos. Unos dicen que por la primera guerra mundial, ya que los franceses los compraban por miles, para que murieran a cañonazos y no a cornadas. Otros dicen que la aparición del automóvil arrinconó al caballo como fuerza motriz, decayendo su cría. El caso es que, más o menos desde los años veinte o treinta del pasado siglo los caballos ya no protagonizan la carnicería sanguinaria de la fiesta.

Ya no hay caballeros, aristócratas que eran los únicos que tenían caballos para montar. Ahora, en la fiesta de Tordesillas, solo hay jinetes. Un tropel polvoriento de toscos jinetes que persiguen al toro, sin riesgo ni para ellos ni para el caballo, sin opción alguna de defensa para el toro. Y muchísima más gente, de Tordesillas y de otros sitios, mirando, admirando y aplaudiendo. Todos pletóricos de orgullo por su fiesta,  su pueblo, su identidad, o vaya usted a saber por qué más.

Chatarras Palace gang. Imagen: © Héctor Mediavilla.
Chatarras Palace gang. Imagen: © Héctor Mediavilla. Fuente: Público.es

Cuando parecía que la imagen de barbarie, insensibilidad, incultura y agresividad era insuperable, este bendito país nos da muestra de que todo es superable. Iñaki Berasaluce, en un artículo de Público.es nos informa que hay un grupo que promete acudir el próximo septiembre a la fiesta de Tordesillas, para proteger al toro de la Vega. No es un grupo cualquiera. Se autodenomina Chatarras Palace. Son chatarreros-boxeadores. Exhiben una “estética” rudimentaria, agresiva y feroz. Se califican como defensores de los animales. (Salvo de los animales humanos, a los que, como boxeadores, aporrean de modo sistemático, profesional). Convocan a sus fieles y seguidores a acudir “a joderles la fiesta”, no llorando como los animalistas pacifistas de años pasados, sino “a hostias”.

A veces parece que vivimos en un país sin remedio. El modesto y fuenteovejunesco espectáculo de Mas de Barberans no alcanza a la brutalidad colectiva de Tordesillas. Y ahora aparecen unos energúmenos pretendiendo organizar la guerra civil de la tauromaquia aldeana.

No basta con cerrar las plazas de toros, con suprimir las corridas de toros oficiales. Queda, permitida o tolerada, una nostálgica pero agresiva barbarie rural. Dicen que los niveles admisibles de cultura solo se alcanzan a la segunda o tercera generación de educación civilizada. Parece que queda atavismo para rato. ¡Qué pena!

3 pensaments a “Animales y animalistas”

  1. La agresividad y la barbarie no es exclusiva de lo “rural” … no estigmatice a las personas que vivimos, disfrutamos y cuidamos el mundo rural… para disfrute de personas de todo tipo y condición.

    El concepto “barbarie” ha estado siempre contrapuesto al de “civilización”. La antigua civilización romana decían que los “bárbaros”, eran los habitantes que vivían más allá de las fronteras de sus dominios … sus enemigos.

    Un saludo.

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