Andalucía, lo urgente y lo importante

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Jesús Páez
Asesor de cooperativismo

Antes se decía  que “cuando un tonto tomaba una vereda o se acababa la vereda o se acababa el tonto”. Guardando todas las presuntas diferencias, esta frase se le podía aplicar al Sr, Rajoy, a la sazón, Presidente del Gobierno con mayoría absolutísima de las Españas. No es que yo abogue por el Pacto Nacional que repite, una y otra vez, el Sr. Rubalcaba, como el que tararea el estribillo de la canción del verano. Allá el Psoe con su estrategia política y su descenso diario en todas las encuestas y barómetros. El efecto más inmediato de esta estrategia es darle ocasión a Rajoy para que le diga que no y enfatizar que él y su panda tiene su ruta trazada y que, como los tontos, o se acaba la ruta o se despeña Rajoy. Le da ocasión de hacer gala de que está dispuesto al desgaste que ello supone y a pagar por ello ya que, dice, su sacrificio no será en vano.

 

Dicho de otro modo, que en las elecciones le tocó la lotería y que ese caramelo no está dispuesto a compartirlo con nadie, ni siquiera con sus votantes. Sabemos lo que hay que hacer y nos “inmolaremos” haciéndolo, viene a repetir cuántas veces le dan ocasión. Le falta añadir,  para ser más real: caiga quien caiga, se hunda quien se hunda, lleguen las cifras del paro a los diez millones o la pobreza y la exclusión lleguen hasta los aledaños de la Moncloa.

Esta actitud del Sr. Rajoy, pretendidamente épica, no es otra cosa que a) el reflejo de su síndrome de Estocolmo respecto a la Sra. Merkel; b) su ciega obediencia a los dictados de los llamados mercados. Las poderosas y, se podría decir, mafiosas oligarquías financieras que ven el mundo como su cortijo y para los que  los jornaleros del mismo no tienen cara, ni color, ni etnia, ni edad, ni sentimientos; vamos que los ven como esclavos. Y que, además, sobran a montones y si hiciesen falta, que no es el caso, con un premio a la natalidad se reproducen cual conejos en época de mucha hierba; y c) Rajoy y su equipo, al igual que en otros países, se comportan, en su rol de dirigentes políticos del país con verdadera estulticia o, si quieren, como “plasmaos”. Pero, claro está, de igual forma que los tontos, nunca se hacen la puñeta a sí mismos.  En su labor de cepillarse el poco Estado de Bienestar con que se contaba y mandar España a los años cincuenta del siglo pasado, se ven ayudados, las más de las veces con entusiasmo, por los medios de comunicación, no solo los amigos, sino casi por todos.  Un ejemplo: en estos días de la mano de Chanquete, digo, Cañete, el Gobierno ha aprobado un nuevo reglamento de la Ley de Costas y una de sus medidas es  reducir  la zona de litoral protegida de 100 a 20 metros. Nada menos que 80 metros.

Bien pues el grupo mediático andaluz Joly abre su portada del sábado 11 de mayo con el siguiente titular a toda plana: La Ley de Costas “salva” 11 hoteles y más de 40 chiringuitos en Granada” con dos subtítulos: 1. “La normativa también beneficiará a 10.859 viviendas situadas en zonas de servidumbre”; 2. “Las instalaciones turísticas generan al año 2.600 empleos y facturan 30 millones”. Como ven todo son cosas buenas reduciendo la zona de servidumbre en 80 metros. Es positiva para el empleo y la economía y, además, cuando el mar se coma la playa los que caerán serán los domingueros, camareros, empleadas de hotel. Estos los reponemos rápido y sin coste alguno. Nada más con los jóvenes que no puedan hacer “movilidad exterior”, subproductos ellos de la Ley de Educación de ese ministro que se “siente como un toro” y se cree que con el castigo aún sobrarán mozalbetes para poder seleccionar a los más guapos y más sumisos, ya que en esos empleos es fundamental este tipo de cualidades personales. De paso, piensa Rajoy, acabaremos con el problema de los desahucios, pues con los sueldos que van a cobrar no se podrán meter en hipotecas, ni vivir “por encima de sus posibilidades”. Seguro que usted lector o lectora conoce otros ejemplos.

Decía que este tipo de personajes nunca se hacen la puñeta así mismos, más bien se SOBREvaloran. El daño que este Gobierno, junto a su partido el PP, está haciendo, en especial, a las clases medias bajas, a las bajas y a las bajas bajísimas, va ser de los que marquen época. Nadie sabe a qué profundidad está el fondo de la crisis, ni cuándo se va a  tocar. Yo tampoco claro. Lo que sí sé es que a nuestros dirigentes políticos actuales les importa una higa dónde está el fondo y dónde están las llaves, matarile rile rile rile. Ellos, todos y todas, y el magma que los sostiene –mezcla de bancos, iglesia, burguesía y depredadores económicos varios- están colocados. Salvo a alguno que sea muy descarado, le pille con el paso cambiado o sea necesario que haga de chivo expiatorio en la representación. Pero aún estos, el poco tiempo que estén en la cárcel, contarán con sus prebendas y sus dineros estarán esperándoles a lado de la playa y las palmeras o detrás de un reloj suizo.

Lo que sí sé es que el deterioro del Estado del Bienestar y el daño y el sufrimiento que están produciendo las medidas que está aplicando este Gobierno, desde que llegó al poder, se está extendiendo y calando cada vez más hondo en las clases populares. Hace tres o cuatro días se presentaron  en Valencia los resultados del estudio sobre Desarrollo humano y pobreza en España elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). En este estudio se constata como a los peor colocados en la cinta de “salida” de la crisis o los menos fuertes (que somos los más) les está afectando la denominada “crisis”. El índice de desarrollo humano se compone de tres subíndices: índice de esperanza de vida; índice de educación; índice de PIB. Y el índice de pobreza contiene 4 subíndices: probabilidad de no sobrevivir has los 60 años; porcentaje de analfabetos funcionales; la tasa de pobreza y la tasa de paro de larga duración. Las posiciones en el ranking de comunidades respecto a estos índices de desarrollo y pobreza han estado encabezadas en las tres últimas décadas por Euskadi, Madrid, Navarra y Cataluña ocupando Castilla la Mancha, Andalucía y Extremadura las tres últimas posiciones. A pesar de la tendencia convergente en los 30 últimos años las posiciones en el ranking se han mantenido, lo que no dice mucho de los distintos gobiernos de las Comunidades y Gobierno Central en cuanto a un desarrollo equilibrado no solo en PIB sino en los demás subíndices.  La presente “crisis”  no solo viene a mantener las posiciones si no que con un calado tan importante en el deterioro de los índices habidos hasta ahora; una recuperación que está por llegar y una vez que llegue va a ser lenta y prolongada; y con el efecto que ello va a tener en el paro de larga duración; se tienen todas las papeletas para que el índice de desarrollo y el de pobreza experimenten una importantísima bajada y llegue a índices impropios de una sociedad avanzada. Seguramente deberemos eliminar en ese futuro la palabra “impropio” o  lo de “sociedad avanzada” o los dos.  Lo que sí se va a producir es una cronificación de estos índices en tasas realmente difíciles de sostener.

Se ha de tener en cuenta que el desarrollo humano y la pobreza, con independencia del ranking comunitario, donde verdaderamente se aprecian sus efectos es en el interior de cada Comunidad y en cada una de nuestras ciudades y pueblos. Es esto lo que puede justificar medidas de urgencia que vengan a taponar heridas, paliar dolorosas amputaciones y evitar posibles rebeldías. Estaría hablando de esos Planes de la Junta para parar el desempleo, para dar de comer a los niños en edad escolar, contra los desahucios, etc. que, desde el PP llaman “demagógicos y populistas”, o hacen chascarrillos diciendo que si dan la comida “¿por qué no una bicicleta?” o que “El bipartito convierte Andalucía en Etiopía”  un PP que, desde Madrid sigue con su trabajo, casi taylorista, de esquilmar a la mayoría, y que, desde Andalucía, solo saben aplaudir las medidas del Gobierno central, sin que se les ocurra ni una idea (sea buena o mala) para paliar, aún sea con un placebo, la pobreza que tienen en los pueblos y ciudades que rigen.

Pero señor Griñán y Sr. Valderas, las urgencias es un deber ético-político atenderlas, pero siendo necesario no son suficientes, son, en todo caso, paliativas. De modo que si no se abordan  medidas de más calado que vayan trabajando en  lo importante, cuando sea que llegue el inicio de la recuperación, estaremos tan hundidos en la miseria que habrá muy poco que salvar y ningún  punto de apoyo para salir del pozo.  Si no se abordan cuestiones estructurales (vistas estas desde la perspectiva de la gran mayoría de andaluces)  habrá que decir lo de Griñan sobre Europa (“Esa falta de sensibilidad yo no la entiendo, y si Europa está en eso, Europa no merece la pena”) pero aplicado a la Comunidad: si  la Junta está en eso, en los cuidados paliativos, con bipartito o sin él, la Junta, la Comunidad no merece la pena.