Amenazas y ejecuciones

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Campaña ‘escraches’ PAH: ‘Sí se puede, pero no quieren’

Lourdes Lancho
Periodista

Sorprende la rapidez con la que han reaccionado los políticos ante el escrache y la inmediata criminalización de esta protesta de personas desahuciadas. Ahora son ellos quienes tienen el mal rollo en la puerta de su sancta sanctorum, de su reducto sagrado de intimidad, la de su familia y vecinos… Esta ha sido la cálida reacción de un diputado del PP esta mañana en twitter y después ratificada en directo en la radio.

No entienden que la gente desesperada a la que han arrebatado ese hogar, y que además sigue arrastrando una deuda cada día más grande, les persiga y atosigue para que hagan algo por ellos. Porque son representantes públicos y pueden, en teoría, hacer algo por ellos. ¿Qué prefieren que hagan que quemen oficinas bancarias y linchen a sus responsables?

¿Por qué ningún político empatiza con ellos? ¿Nos aterroriza ponernos en su lugar? O es que simplemente pensamos que no nos va a pasar nunca, porque en el fondo les estamos culpabilizando.  Ya saben: esa pérfida línea de pensamiento de que los parados en realidad no buscan trabajo con ganas, o que se firmaron hipotecas por encima de nuestras posibilidades, y que todos sabíamos lo que habíamos firmado con el Banco (esto se hace extensible a las preferentes).

La criminalización del escrache ha llegado a tal límite que miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca han tenido que hacer un video dirigiéndose a las personas que pueden atender esos mensajes que se lanzan desde algunos sectores de la clase política.

Se preguntaba ayer Felipe González en la Asociación para la Defensa de la Transición, si era tolerable que un niño soportase tensión en la puerta de su casa. La respuesta obvia es NO. Pero ni esa, ni la de quienes los echan del hogar y los dejan en la calle. Antes de opinar del escrache podrían los políticos y los que lo fueron mirar este corto.

Sorprende, también, el tratamiento de algunos medios al informe de UNICEF que dice que pese a los sufrimientos de la crisis y a la escalada en los índices de pobreza los niños españoles son felices. Sonríen más y están más protegidos de la sordidez del momento por su entorno.

Si esto llega a manos de Oli Rehn, Comisario Europeo de Asuntos económicas. Y si además se da este señor una vuelta por el centro de una gran ciudad, como Madrid y ve las calles llenas de coches, los bares y terrazas rebosantes de gente tomando cañas… Pensará que todavía nos pueden dar más ídem. Apretar más la soga, porque si los niños todavía sonríen y tienen ganas de jugar. Si la gente sigue quedando con amigos es que no estamos sufriendo lo suficiente. Si seguimos sin ponernos en el lugar de quienes sufren, ellos van a seguir apretando. A este paso igual nos tendremos que ir todos a Bruselas o a Berlín a hacer escraches…