Alberto

Por M. Eugenia Ibáñez

Vive en la Zona Franca y cada mañana se traslada a la otra punta de la ciudad, al centro de la Gent Gran del Casc Antic, donde come y pasa el día. Después regresa a su barrio. Y así, hasta el día siguiente. Pero el desplazamiento de este hombre no es un viaje de ida y vuelta anodino, sin huellas, porque en ese rincón del Casc Antic Alberto deja su impronta de buen ciudadano. Se le suele ver con un cubo de agua pasando el mocho por el entorno más próximo al centro que le acoge, la confluencia de las calles de la Sèquia y Basses de Sant Pere. Si se le pregunta por qué limpia con tanto esmero un espacio mil veces pateado responderá que porque está sucio, que la gente no es cuidadosa, que por las noches sobre aquellas aceras caen muchas cosas que por la mañana nadie ha limpiado, y que el suelo se pisa y el pringue crece. Y que a él le sobra tiempo y no le importa limpiar una calle en la que pasará buena parte del día.

Creo que la estirpe de Alberto está en vías de extinción, que quedan pocas personas capaces de dar ejemplos de civismo como el suyo. Tendremos que agarrarnos a su insólito mocho y cubo de agua y confiar en que aún hay esperanza para las calles de la ciudad.

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