Ahora, el Desarme

Ánder Gurrutxaga
Catedrático de Sociología

ETA anuncia el desarme unilateral e inequívoco, cinco años y medio después, de que anunciase -también de forma unilateral-, el cese de las acciones armadas. Habrá que ver en qué, cómo se concreta y el carácter que tiene.

En el momento del cese escribí unas palabras, del que entresaco algunos párrafos, que me siguen pareciendo válidas como telón de fondo de este nuevo hecho, cincuenta y cinco años de vida son muchos. En ese tiempo varias generaciones de ciudadanos toman contacto directo con las consecuencias del terrorismo. Los ciudadanos saben que es ETA, y no sólo porque lo aprendan en los libros escolares o porque los mayores se lo hayan enseñado, sino porque, en muchos casos, han tenido contacto directo con las acciones armadas de esta organización y las consecuencias que provoca. Es verdad que el tiempo no es lineal, ha habido coyunturas, momentos y circunstancias diferentes pero las consecuencias son perdurables; miles de víctimas, hijos sin padre, mujeres sin esposo, el miedo, las miradas de temor y la falta de libertad para muchos ciudadanos. Todas son una pesada carga, demasiado peso para ser llevado a la espalda en la historia individual de las víctimas y, sin embargo, durante demasiado tiempo las víctimas vivieron su historia, como si sólo fuese de ellas y para ellas, como si el dolor y la presencia de la muerte fuesen de su propiedad. Muchos ciudadanos vascos reaccionaron al terror de la muerte, otros lo hicieron tarde y algunos no es que no supiesen lo que pasaba, sino que pasaban sin querer ser involucrados, como si la supervivencia dependiese de la mirada distanciada y los gestos silenciosos, contrariados, paralizados por no saber que hacer, no saber que decir o no comprender el sufrimiento del otro. Es como si cincuenta años después nos diésemos cuenta que no éramos lo que creímos ser y los gestos vacilantes fuesen una forma de huida, no mirar para no ver y ver para callar.

Es difícil calcular los efectos que tiene, probablemente pasará lo que ocurre en otros momentos, el tiempo será el mejor aliado y el olvido su atenuante. ETA pasará, como pasaron antes tiempos de penalidades, y tendremos que seguir viviendo. Me parece que faltan aún recursos para interpretar lo que se vivió. La historia es absorbente, tan calculada e inoportuna que no es fácil responder a esta cuestión. Muchos ciudadanos aprenden que la historia que vivimos con ETA no ha servido para nada. ETA no trajo la democracia. En la autonomía política nada tuvo que ver, estuvo fuera y en contra. Con el Estatuto Vasco nunca estuvo de acuerdo. Las instituciones que permiten desarrollar la identidad vasca, proteger la lengua-euskera-, dotarse de poder económico a través del Concierto Económico, del sistema educativo y sanitario homologado a Europa, nunca le interesaron. El bienestar se logró, pese a ETA. Si fuese una empresa y tuviese que dar cuenta de los resultados, sólo puede presentar en la memoria corporativa dos entradas; víctimas y presos. No deja de ser paradójico que la organización que quería ser, además, vanguardia del movimiento de liberación nacional termine su andadura sin ser vanguardia, sin movimiento y sin liberación nacional ¡Qué cuenta de resultados¡ Más llamativo es que la memoria corporativa que presenta ante la sociedad vasca que ha conseguido lo que ETA nunca quiso; ser una sociedad democrática en un Estado democrático, buen nivel de vida, desarrollada y moderna dentro de Europa y con la relevante presencia de las señas de identidad dentro del Estado democrático.

Supongo que llegará el momento en que quizá puedan hacerse preguntas y responderlas. Probablemente, las preguntas y respuestas lleven a desempolvar el drama de muchos de los que la acompañan en tan funesto viaje. Algunos convencidos de que la militancia es lo que tenían que hacer, otros no supieron decir que no en el momento oportuno y la rueda del infierno les atrapó. Los menos no llegaron a conocer otra realidad y cuando quisieron decir qué no, era tarde. Algunos no podrán volver de sus tumbas, a otros la cárcel o el exilio les habrá alejado definitivamente de sus sueños y de lo que pudieron ser, unos pocos quizá puedan volver a mirar los ojos de sus víctimas y preguntarse por qué decidieron tirar su vida por la borda. Quizá no encuentren respuesta, o quizá decidan prescindir de la pregunta porque la supervivencia pesa más que la búsqueda de la verdad. A todos les queda el consuelo de que todavía están vivos.

La historia se sitúa en el punto que conocemos. La España que rechazan es una sociedad democrática. La Euskadi que añoran no existe, existe la que ha permitido ser lo que somos. Las instituciones que negaron o no reconocieron son las que permiten que la izquierda abertzale esté gobernando alguna de ellas. Es como si todo aquello que negaron, rechazaron o no reconocieron fuese el espejo ante el que tienen que mirarse. En el almacén de la historia hay, si es que queda alguno que sepa interpretarlo, destinos sin cumplir y sufrimientos sin destilar. Este es el margen de la cuenta de resultados.

ETA no decidió el destino que anuncia, tomó la decisión cuando la historia la había engullido. No supo ver que aquello sobre lo que tanto creyó reflexionar se hacía incomprensible. Descubrió que los cimientos no son lo que creía que eran, que la democracia es un virus que injertado desde fuera la mataba lentamente, que el bienestar que generan economías como la vasca no dan para asegurar la reproducción de los caladeros generacionales de los que tanto dependió; que el nivel de vida y las estrategias de consumo ponen patas arriba los patios interiores de todos -también los de ETA-; que la Europa democrática se había cansado de ella, después del 11 S el mundo no era el mismo. Por otra parte, la acción policial la dejó sin margen de maniobra, la sociedad vasca la dio la espalda porque había decidido vivir sin y contra ETA e incluso los que más cerca estuvieron de ella la miraban con distancia y recelo.

El resultado es la profunda y singular irrelevancia en la que se sume la organización. Creo que si hay una síntesis del final es que muere de irrelevancia, asaltada por todo y por todos a los que despreció. La implosión se apoderó de sus cimientos y la ingesta de su irrelevancia la sumió en la inacción. El punto de llegada es que a nadie le interesa hoy; a los que en algún momento se mostraron comprensivos con el hijo pródigo su irrelevancia les irrita; a los que le acompañaron algún tiempo en su viaje les molesta en su nueva estrategia política; las elites forjadas en su cantera y bajo su sombra saben que con ella su porvenir y sus ambiciones se esfuman; para el Estado democrático y las fuerzas que lo representan es una antigualla del tiempo pasado al que las fuerzas policiales y la resistencia de la sociedad civil ponen en su sitio; las víctimas quieren vivir su dolor sin tener que presenciar todos los días el causante de su dolor”.

El anuncio que ayer se hacía público es un hito clave –una organización militar entrega sus armas–, reconoce otra vez –por cierto– que se acabó y lo hace de forma unilateral. Quedan pendientes procesos de gran envergadura. El primero y fundamental, la disolución de la organización. Quedan cientos de presos en situaciones penales y personales diversas, quedan miles de víctimas confrontadas con la historia dramática que en muchos casos se descubre en los últimos años, la cultura social que, de forma sutil, mediatiza aspectos básicos de la sociedad vasca y española, quedan las grietas abiertas en la capacidad para generar respuestas por parte de la sociedad, quedan miles de historias anónimas y personales de compromiso y sufrimiento.

Es verdad que el desarme, como casi todo lo que tiene que ver con esta organización, llega tarde, es lento pero llega, como lo hará su disolución. Lo que no sé muy bien, no me atrevo a aventurar nada en tan corto espacio es cómo se enfrentará su historia y las consecuencias provocadas, la cultura social que germina en algunos colectivos sociales, la acción reparadora a las víctimas -por más que se estén produciendo en los últimos años hechos como para ser más optimistas- o cómo tratará la democracia las condiciones penales y vitales de los presos. Pero sí hay una historia para interpretar y una verdad que nunca debe olvidarse: el error de la existencia de esta organización.

2 pensaments a “Ahora, el Desarme”

  1. Des de fa dècades, l’existència d’ETA ha estat la principal justificació dels partits unionistes per evitar determinats debats polítics o reivindicacions nacionals com la basca o la catalana. No han parat de repetir que amb violència res no era possible, i que en democràcia qualsevol projecte polític es podia defensar si es feia per les vies pacífiques. Això s’ha demostrat que no era cert. Catalunya n’és una mostra. Mai no en tindran prou. Les forces constitucionalistes sempre han exigit a ETA que abandonés les armes. Ho va fer sis anys enrere, i llavors li van reclamar que es desarmés. Ho farà el 8 d’abril. I després quina exigència vindrà? La dissolució? I quan això arribi, què demanaran? el penediment? Necessiten excuses per no moure’s. L’impacte polític ja es va produir el 2011, el dia que ETA va plegar. El desarmament és una conseqüència lògica d’aquella decisió. Ara, el que està en joc és com explicaran els llibres d’història el fenomen d’ETA. El famós relat. El govern espanyol vol que ETA aparegui com a derrotada. Però el desarmament unilateral davant la societat basca no quadra amb aquesta versió.
    L’Estat espanyol sempre ha tingut clar que l’autèntic repte, el perill de veritat, és l’independentisme català, no pas ETA. Li fa més por una societat mobilitzada i rebel que no pas un grup armat. Contra ETA ha sabut lluitar a base de policia i més policia. No li calia res més. Contra els catalans pacífics que volen deixar de ser espanyols no té antídot polític.

  2. ETA ha hagut d’assumir una derrota militar -per dir-ho en el seu propi llenguatge- i aquesta derrota no la pot disfressar cap gran discurs sobre preteses reflexions internes i canvis d’estratègia de la seva direcció o dels seus militants.
    Dit això – cal recordar que l’esquerra independentista basca ha fet amb fermesa un camí cap a la lluita estrictament política i un reconeixement de la maldat intrínseca de la violència. Potser l’ha fet massa tard, i utilitzant un llenguatge que no és el que alguns voldrien; però l’ha fet amb totes les conseqüències, en una decisió no exempta de riscos, que cal atribuir sobretot al coratge d’Arnaldo Otegi. Davant d’això, el govern espanyol només ha sabut oposar-hi revengisme, orgull mal entès i una falta de cintura impròpia d’un govern democràtic adult. N’hi hauria hagut prou gestionant amb intel•ligència la situació dels presos i, sobretot, no intentant apartar Otegi de la vida pública. Així, la fi d’ETA hauria arribat abans, i s’haurien evitat riscos innecessaris de recaiguda. Cal recordar que Otegi ha passat gairebé set anys a la presó per un delicte estrictament polític (i ara mateix continua inhabilitat), mentre que els implicats en la guerra bruta o fins i tot en el colpisme han estat indultats l’un darrere l’altre.
    Quan ETA matava, se solia dir a l’estat espanyol que “en ausencia de violencia se puede hablar de todo ”, un principi democràtic que s’ha vist desmentit pels fets. La lluita contra el terror no es pot utilitzar amb finalitats polítiques. Per a molts dirigents del PP, semblaria que la unitat d’Espanya és un valor superior a la pau i el respecte a la vida humana. I a Catalunya, en aquest sentit, els populars tenen un problema: al sobiranisme català no li poden dir que es dissolgui, ni que entregui les armes.
    Ah, i això que fa uns anys es podia dir sense gaires problemes “ser una sociedad democrática en un Estado democrático, buen nivel de vida, desarrollada y moderna dentro de Europa y con la relevante presencia de las señas de identidad dentro del Estado democrático” ara es podria dir que la primera afirmació “en un Estado democratico” és força discutible i com ha explicat algú en aquest mateix blog “La Transició cada vez más resulta una transición hacia ninguna parte…”. I pel que fa a la resta “buen nivel de vida, desarrollada y moderna i bla, bla, bla, “ sense les innombrables guerres forals dels segles XIX i XX “rien de rien”. Però mai ho reconeixeran…

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