“A Rajoy le recomiendo que lea ‘Un largo adiós’”

ENTREVISTA a Paco Camarasa, librero de Negra y criminal  

 M.Eugenia Ibáñez
Periodista
Pilar Aymerich
Fotógrafa

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Paco Camarasa junto a su mujer, Montse Clavé. Fotos: PILAR AYMERICH

Él, valenciano, nacido a los 30 minutos de un 19 de julio porque, asegura, no le dio la gana de que su llegada al mundo coincidiera con el día del golpe de Estado franquista. Ella, catalana, originaria por casualidad del gaditano pueblo de Villamartín. Ambos, libreros. En diciembre del 2002 se liaron la manta a la cabeza y en una recoleta calle del barrio barcelonés de la Barceloneta, muy cerquita del mar, convirtieron un oscuro local en una librería que se ha convertido en el santo y seña de la novela negra, en referente para los buscadores de tramas criminales bien montadas y en el lugar donde, seguro, el lector de ese género ha podido encontrar, entre otros muchos, el título perdido de un autor olvidado. El sueño, la aventura, ha durado 12 años y 10 meses porque él, Paco Camarasa, y ella, Montse Clavé, cerrarán la librería Negra y Criminal el 3 de octubre, el último sábado de una larga serie de sábados convertidos en interminables charlas en torno a una mesa con mejillones y vino tinto. En la página web de la librería quedarán 18.500 fichas de otros tantos libros a disposición libre y gratuita de los fieles del género.

Paco y Montse se conocieron en 1980 en la universidad de Valencia durante una charla de la segunda, dibujante de cómics, pero podían haber coincidido en alguna comisaría del franquismo en las que ambos, por separado, fueron a parar por sus ideas más rojas que negras según la trama planteada por el franquismo de la época. Camarasa estudió Económicas, dio clases de Teoría Económica, hizo sus pinitos periodísticos como cronista de partidos de fútbol para Mundo Obrero y trabajó en una librería de su hermano, La Araña, cuya oferta literaria mereció el reconocimiento de una bomba colocada por los fascistas locales. En 1988 hizo el hatillo y se reunió con Montse en Barcelona. Años después, las afinidades literarias de ambos por la novela policiaca, negra o de intriga, como gusten, gestaron el proyecto de una librería especializada en el género, que hizo de Paco Camarasa la cara visible del crimen y el delito convertido en literatura. Secuelas de esa especialización han sido las nueve ediciones del certamen BCNegra, que han tenido a Camarasa como comisario y al Ayuntamiento de Barcelona como organizador. Pero, como tantas novelas, la historia de Negra y Criminal no tiene un final feliz. La librería que nació como única en España especializada en género policial cerrará definitivamente el 3 de octubre, a la espera de que alguien con agallas decida asumir el relevo.

La librería cierra por la pérdida de compradores. ¿Han conseguido descubrir quién es el culpable?

Como en todas las buenas novelas policíacas, los culpables son múltiples y variados, pero digamos que la responsabilidad recae sobre el cambio de modelo de hábitos de los consumidores: somos menos curiosos y más cómodos.

¿Y más pobres?

No,  quienes se han hecho más pobres y han dejado de adquirir libros son aquellos que compraban en Alcampo, en Carrefour, en las grandes superficies. No sé si nuestros clientes han perdido poder adquisitivo, pero seguro que se han hecho más cómodos y menos curiosos. Todos leen lo mismo, el último best seller, y lo quieren comprar al lado de su casa, sin desplazarse a la Barceloneta, a una librería especializada, donde encontrarían consejo y variedad.

¿Cómo se convierte un licenciado en Económicas en librero especializado en novela negra?

A partir de una larga trayectoria vinculado al mundo del libro que desemboca en la decisión de abrir una librería. Llegado a este punto, sabíamos que no podíamos aspirar a montar un proyecto potente, tipo Laie o La Central, grandes cadenas con ramificaciones en museos, por ejemplo, Y dado que no teníamos esa capacidad debíamos convertirnos en  guerrilleros del libro, dar un valor añadido que no ofrecían los demás: especialización. Y eso es lo que intentamos Montse y yo.

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¿Fue un riesgo buscar esa especialización en la novelística de policías y ladrones?

Nos tiramos a la piscina sin saber qué iba a pasar. Intuíamos que había una bolsa de lectores en el género, pero había que identificarlos, ampliarlos y buscarlos. Creo que eso lo conseguimos, pero en ese valor añadido, que era importante, nos ha acabado fallando el aspecto de la comodidad. La gente caminará 15 minutos para comprar una barra de pan diferente, pero no lo hará por otros productos que puede encontrar al lado de su casa. Ha ocurrido también con las tiendas especializadas en vinos, por ejemplo, porque esas botellas las puedes encontrar en los grandes almacenes al mismo tiempo que adquieres calcetines, o en la tienda de la esquina. Cuando ese producto se masifica, el valor añadido solo mantiene a aquel comprador que prioriza mantener el valor añadido de la especialización. Los libros tienen el mismo precio en todas las librerías del país, incluido Canarias, la diferencia es el trato al cliente, los conocimientos de los libreros. Negra y Criminal no ha sido un caso único, Terminus Polar, la librería de París, la única especializada exclusivamente en el género noir en Francia, cerrará la próxima semana.

El cierre se produce cuando el género está en auge, con certámenes como Getafe Negro, Gijón, y en especial BCNegra, que reúne a miles de fieles lectores. Hay editoriales con colecciones especializadas -Salamandra, Alfaguara, Mondadori- y las que no las tienen van picoteando tramas policiales. Y en ese entorno, Negra y Criminal va y cierra.

Cerramos cuando deberíamos ser más necesarios porque tenemos la capacidad de aconsejar sobre cambios de título tramposos que buscan la confusión del lector, o sobre esa masificación de autores que se apuntan con oportunismo al género. La pérdida de compradores nos ha afectado por una cuestión de costes, por supuesto, pero también por una cuestión de ánimo. Nosotros hemos cumplido fielmente nuestra parte del pacto con el lector: sabemos lo que vendemos, sabemos aconsejar, tenemos un fondo de librería amplísimo, desde Agatha Christie a lo más duro de Don Carpenter.

El desenlace está claro: el culpable es el lector.

Ha fallado el lector y las bibliotecas, que compran a las librerías de barrio para que estos comercios puedan subsistir, compran en ese barrio pero se olvidan de que somos los especialistas en el género, nos han olvidado. El libro debe servir para revitalizar el tejido social y eso es lo que yo le recrimino al Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, por ejemplo, que  concentra sus compras en unas pocas librerías. Un dato: Todas las bibliotecas de Barcelona me compran en su conjunto un 10% más que  la única biblioteca pública que hay en Fraga.

¿Qué ha cambiado en el género en los 13 años de vida de la librería?

Ha cambiado la realidad. En el 2002 nadie novelaba en torno al alzheimer y en estos momentos puedo citar cinco novelas en las que esa enfermedad es fundamental en la trama. Siempre ha existido poder financiero, pero hasta ahora no han aparecido novelas en torno a ese tema. El capitalismo financiero corrupto que describen Raymond Chandler  y Dashiell Hammett, por ejemplo, es muy diferente al Índice del miedo, de Robert Harris, donde aparece una máquina que continuamente dirige operaciones de bolsa. Los delitos mafiosos, los crímenes organizados de Sicilia están ahora en los concejos de administración de multinacionales. El crimen organizado está en el narcotráfico, pero como dijo Don Winslow el otro día, y si se legaliza la droga se acaba esa rama del crimen organizado.

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¿Recuerda cuál fue el primer libro de policías y ladrones que leyó?

Supongo que me inicié a través de las novelas de Agatha Christie, como tanta gente. Leía libros de las novelas de kiosco de Bruguera porque mi padre tenía una empresa de transportes en una calle donde había muchas empresas y a la hora de comer, entre la 1 y las 3, se leían esas novelas y alguna caería en mis manos. El primer título que recuerdo es Cosecha Roja, de Hammett, que me pasó un compañero en la universidad, pero la leí  más por una cuestión política que de género literario porque, confundido por el título, pensé que el contenido iba por la lucha de campesinos rojos, rojísimos. Hay que tener en cuenta que por entonces en la universidad estaba mal visto leer novela policíaca. Me atrajo de aquella edición que estuviera prologada por Luis Cernuda. A finales de los sesenta los libros de Machado y Miguel Hernández publicados por editorial Losada había que leerlos bajo mano porque estaban prohibidos. Campos de Castilla estaba prohibido. Alguno de nosotros nos tragamos cosas infumables de Alejandro Casona simplemente porque los publicaba Losada.

¿Por que nos atrae saber quién es el asesino? ¿Llevamos un justiciero escondido? 

No, todos llevamos un chafardero dentro, aquello de la curiosidad mata al gato. Queremos saber cuál es el desenlace, los motivos que arrastran a alguien a matar, a robar.

¿El lector de novela policíaca tiene un perfil concreto?

Es la persona que quiere conocer al culpable, resolver el enigma que el autor plantea, hacer el crucigrama, el rompecabezas, encajar todas las piezas del puzzle. El lector de novela negra quiere saber algo más, ya no se trata de quién es el asesino, sino de profundizar en esa sociedad que acoge al delincuente. Si hablamos de la novela de contenido psicológico, de  Simenon, por ejemplo, lo fundamental no es encontrar al culpable, sino por qué esa persona, en ese momento, decide matar, por qué alguien de apariencia normal comete un crimen. En la novela negra el objetivo no es  quién disparó la metralleta en la matanza de san Valentín, sino quién dio la orden de hacerlo. No es culpable quien atraca un banco, sino el responsable de su gestión. Eso debe saberlo ya el señor Rato.

Mariano Rajoy ha dicho que este verano leyó novela negra. ¿Qué título le recomienda para sus próximas vacaciones, que quizá lleguen  antes del periodo estival?  

Se me ocurre La honorable sociedad, de Dominique Manotti, donde el autor nos explica aquello que el ciudadano ignora, la trastienda, qué es lo que está pasando, quién elabora esos informes que circulan por los despachos, filtraciones periodísticas, etc. A Rajoy le aconsejaría que utilizara el sarcasmo del sheriff de 1280 almas, de Jim Thomson, y sobre todo, una novela fantástica que se llama Un largo adiós, de Raymond Chandler, con la esperanza de que su adiós sea muy largo.

 

¿Una recomendación para Artur Mas?

Se me ocurre el último título de Ernesto Mallo, La conspiración de los mediocres, una sugerencia que nada tiene que ver con el contenido del libro, pero el título me gusta porque creo que la conspiración ha dado a Mas una talla que, en mi opinión, no tiene.

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Deme un par de títulos que reflejen la situación actual de Catalunya y España.

La cuestión es que los novelistas aún no se han enfrentado a diseccionar esa situación. A pesar de la influencia que ETA ha tenido en los últimos 30 años, en Euskadi prácticamente no hay novela negra con ese grupo por en medio. Una de las mejores obras que se aproxima al tema es Sé que mi padre decía, de Willy Uribe, novela fantástica, pero que no menciona a ETA. Tampoco hay muchas novelas sobre la banca. Torres de fuego, de Gabriela Cañas, describe el mundillo financiero y el incendio del edificio Windsor de Madrid, pero aún no nos han explicado qué ocurrió realmente allí. Hay muchos temas que permitirían ser novelados y que aún no se han tocado, por ejemplo el tamayazo que llevó a Esperanza Aguirre a la presidencia de la Asamblea de Madrid y que ha permitido al PP el control de esa comunidad a lo largo de los últimos doce años. Todavía no sabemos qué hubo exactamente detrás de la traición de aquellos dos diputados. Tampoco se ha escrito gran cosa sobre el señor Pujol. Ahora se ha dicho que todo el mundo lo sabía, pero todo el mundo calló. El atentado del 11-M en Madrid tampoco está en las novelas. Hay excepciones, el tema de la corrupción, por ejemplo, está tratado por Carlos Quílez en Manos sucias y Cerdos y gallinas, Jordi Bordas en La ciudad plácida y Margarita Rivière en Clave K. Los tres son periodistas. ¿Por qué ese distanciamiento de la realidad política española? Pues no lo sé, deberían explicarlo los escritores.

¿Se puede aplicar al género aquello de dime qué novela lees y te diré cómo eres?

Suele haber una correspondencia entre la novela que lees y lo que piensas,  aunque hay autores y títulos de asesinos en serie que apasionan a todos los lectores. También hay fobias, a Pablo Ignacio Taibo, por ejemplo, si le regalas una novela de Agatha Christie te retirará la palabra para el resto de su vida.

¿Qué novelas no faltarán en su biblioteca particular?

Tengo el corazón partío entre muchos autores y títulos, nunca fue dogmático en la elección de mis lecturas. Pero tengo preferencia por La llave de cristal, de Hammett;  El largo adiós de Chandler, y 1280 almas de Jim Thomson. Y no me olvido de los orígenes, El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie, por ejemplo, y El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle.

¿Novela negra americana o novela negra europea?

Me gusta todo. Soy poliadicto, pero en especial la novela americana clásica o de la costa este actual, Dennis Lehane, George Pelecanos, David Simon, el creador de la serie The Wire. Y de la novela europea me gustan mucho algunos nórdicos, no todos,  y  la mediterránea.

¿Raymond Chandler o Ross MacDonald?

Chandler era más fresco y de MacDonald creo que era Perich el que decía que tenía una cosa buena y una cosa mala, la mala es que siempre escribía la misma novela y la buena es que cada vez las escribía mejor.

¿Henning Mankell o Stieg Larson?

Larson, por muchos motivos, porque era un periodista que escribía novelas y eso se nota en la agilidad y frescura de sus textos, pero estaré eternamente agradecido a Mankell porque puso al día la obra de aquella pareja de suecos de nombre impronunciable, Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Tengo el privilegio de haber tenido a Maj en la librería y darle un abrazo.

¿Petros Markaris o Andrea Camilleri?

Los dos, sin duda. He conocido personalmente a ambos. Markaris es el autor europeo que consigue dar mejores abrazos, y Camilleri es un hombre de una lucidez brillante. Ya sé que es un deseo que nunca cumpliré pero sueño con cenar con ambos, una cena con una sobremesa larga, muy larga, en castellano.

¿Fred Vargas o Pierre Lemaitre?

Vargas, me parece más imaginativa como escritora. Lemaitre aún tiene que trabajar un poco más.

¿Dolores Redondo o Alicia Giménez Bartlett?

Las obras de Redondo suponen el éxito de un tipo de novela arraigada al terruño, al mundo rural, se escapa de la ciudad y se refugia en un territorio que conoce. Alicia ha sido la primera creadora en la novela española de una mujer policía, Petra Delicado, que me gusta más que Amaya Salazar, la inspectora de la Policía Foral Navarra creada por Redondo. La trilogía de esta autora está cerrada, de hecho ha escrito una novela con tres partes, así que ya veremos como evoluciona a partir de ahora. Alicia tiene una trayectoria mucho más larga y aún no ha escrito el final de Petra Delicado.

¿Lorenzo Silva o Domingo Villar?

Villar. Con solo dos novelas publicadas se ha atrevido a hacer algo diferente. Es el autor que mejor ha recogido el aire de Simenon para   situarlo en Galicia.

¿Cuál es la influencia de las series de televisión en la novela negro criminal?

Todavía no se percibe la influido pero lo hará más adelante. Los efectos de Breaking Bad en la novelística no han calado, pero estoy convencido de que esta serie de televisión será un punto de partida, un referente.

¿Goza de buena salud la novela española?

Sí. Hay una generación de veteranos que siguen escribiendo, Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett, Juan Madrid, Andreu Martín, y una nueva generación que empieza a tomar posiciones, Alexis Ravelo, Carlos Zanón, Víctor del Árbol,  Rosa Ribas, Toni Hill. En mi opinión el futuro es prometedor.

Tenemos un cadáver y alguien que se empeñe en encontrar un culpable, ¿qué más se necesita para escribir una buena novela negra?

A veces ni siquiera son necesarios el cadáver y el inspector. En un clásico del género, ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy, no hay víctima, ni policía, ni investigación. ¿Qué es indispensable? Trama, atmósfera y una escritura correcta, por supuesto.

A partir del 3 de octubre, con tiempo libre, conociendo los errores cometidos por muchos de los autores que ha leído y las virtudes de unos pocos, ¿Se animará a abrir el ordenador para pergeñar un  crimen?

Puedo prometer y prometo que nunca escribiré una novela. No. Nunca. He leído y leo mucho y he llegado a la conclusión de que se publica demasiado. Hay mucha morralla, autores que cogen un muerto, colocan a un policía cerca y están convencidos de que con su nombre a gran tamaño en la cubierta del libro se ganarán al lector. Por eso son más necesarios los buenos libreros, para aconsejar, para escoger en nombre del lector para separar el grano de la paja. No tengo la más mínima intención de sumarme a la larga lista de novelas prescindibles.

Igual se aburre.

Me quedan pendientes muchos libros por leer y muchos paseos con Montse.

 

4 pensaments a ““A Rajoy le recomiendo que lea ‘Un largo adiós’””

  1. Qué vamos a decir sobre cultura y lectura que no se haya dicho ya… Salud y muchas gracias por su trabajo.

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