A Mariano Rajoy le queda retranca, pero poco crédito

Gobernantes, políticos, banqueros, empresarios, militares, jueces, eclesiásticos, intelectuales y personajes influyentes de nuestro país caen a menudo en excesos dialécticos que podrían definirse como sandeces. Esta serie  pretende dejar constancia de algunas de ellas difundidas tanto en el presente como en el reciente pasado.

Antología de sandeces políticas (12) 

imagesÁngel Sánchez de la Fuente
Periodista

A ningún presidente del Gobierno que no fuese el gallego Rajoy se le habría ocurrido responder con un irónico “sí, hombre” al periodista que recientemente le preguntó a bocajarro si en el PP había habido sobresueldos para los dirigentes del partido. Si algún día se demostrara con pelos y señales que hubo sobres hasta para el Tato, nadie podrá decir que Rajoy dijo que no. He aquí, por tanto, un ejercicio de retranca. Si por retranca gallega muchos entendemos una fina ironía teñida, o no, de cierta coña, Rajoy es un ejemplo. También lo es de la retranca a secas, esa que el diccionario define como intención disimulada u oculta. ¿O acaso no es el actual inquilino de la Moncloa un gran simulador?

Digamos enseguida que hay gallegos y gallegos. Manuel Fraga lo era, pero se parecía a Rajoy lo mismo que un paraguas a un tricornio: nada. En cambio, en Pío Cabanillas sí encontramos similitudes con Rajoy. No es casualidad que fuese Pío quien en su día lo recomendó a la cúpula de Alianza Popular instalada en Madrid. Hay una anécdota –recordada hace algunos años por el escritor Manuel Rivas— protagonizada por Fraga y Cabanillas, cuando el primero era ministro de Información y Turismo y el segundo, su subsecretario. Ambos fueron en pleno agosto a Cambados (Pontevedra) a inaugurar un teleclub. Acalorados –escribía Rivas, les dio por ir a bañarse. ‘No tenemos bañador’, dijo Fraga. ‘No importa. Conozco unas calas a las que no va nadie’, respondió Pío. Dejaron el coche oficial al alcance de las miradas del chófer y se adentraron en la cala. Cuando braceaban como cachalotes oyeron un ruido de coche grande. Era un autobús de un colegio de monjas. Fraga huyó despavorido tapándose las partes pudendas. Pío le siguió de lejos gritando: ‘¡Manolo! La cara. Manolo, la cara!’”

Alguna dosis de aquella sagacidad de Cabanillas heredada por Rajoy seguro que le ha ayudado a este a alcanzar la presidencia del Gobierno, pero, una vez en la cima, ha ido perdiendo el crédito a base de quedar casi paralizado en la tierra hostil de la gigantesca crisis económica. Cuando en marzo de 2010 apabullaba a Rodríguez Zapatero diciendo que “la subida del IVA es un sablazo de mal gobernante,” no imaginaba que dos años después el sablista sería él. “No habrá banco malo en España”, proclamó en enero de 2012. “Acabamos de aprobar el llamado banco malo. Eso traerá buenos resultados,” declaró once meses más tarde. “En estos momentos no estamos para algarabías, sino para crear empleo, se aventuró a comentar en vísperas de la Diada catalana del pasado septiembre. La algarabía se convirtió en el clamor de un millón y medio de manifestantes indignados por la política centralista del Gobierno del PP. “Aprobar resoluciones que no están en el marco constitucional no sirve para nada,” ha sido su reacción ante la declaración soberanista del Parlamento catalán, negándose a reconocer la realidad. Tampoco reconoció la realidad cuando hace diez años naufragó el petrolero Prestige y se quedó tan ancho lanzando al viento la conocida sandez: “Del barco salen unos pequeños hilillos, cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical.”

Puede que a Rajoy aún le quede retranca, pero su credibilidad va menguando como aquellos hilillos de plastilina. Y sin estiramientos verticales ni horizontales.

1358335176373muchachosdnLema episcopal: “Agárrense, muchachones”

La diócesis episcopal de Alcalá de Henares ha informado de la organización de unas clases de educación sexual para jóvenes. El lema sugiere por dónde va el tema: Agárrense, muchachones, porque ahora sí que vamos a hablar de sexualidad como Dios manda. El obispo no es otro que Juan Antonio Reig Pla, el mismo que preconiza la curación de la homosexualidad como si fuese una enfermedad, concepto este último rechazado científicamente. O sea, que lo de muchachones va por ahí. No en vano monseñor Reig aprovechó una homilía que TVE retransmitió la pasada Semana Santa para asociar la homosexualidad con la prostitución: “Hay personas que no acaban de orientar bien su sexualidad, que piensan desde niños que sienten atracción sexual por el mismo sexo, y a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, y van a clubs nocturnos de hombres.” Y como colofón a lo que antecede, concluyó así: “Os aseguro que encuentran el infierno.”

Al margen de la indignación de la Confederación de Gays, Lesbianas y Transexuales que acusaron al obispo de “incitación a la discriminación y al odio,” hay que advertirle a Reig de que para la mayor parte de la juventud de ahora el infierno es el paro.

Jorge-Trias-Sagnier_ESTIMA20130121_0004_12Aquel Trías Sagnier de la poligamia

No es por incordiar, pero como el saber no ocupa lugar, quizá sea bueno conocer algún detalle más de las peripecias políticas de Jorge Trías Sagnier, abogado y exdiputado del PP, que está de actualidad por haber afirmado que hubo sobresueldos en el partido. De ser un joven valor de la derecha catalana, que incluso participó en la negociación para que se celebrase la primera manifestación autorizada del Onze de Setembre en 1976, pasó, tres decenios después, a defender, en un estudio para la FAES aznarista, una peregrina teoría acerca del Estatut de Catalunya. Por ejemplo, el texto estatutario, según él, era “la puerta legal para la futura ampliación del matrimonio a uniones poligámicas como las que autoriza la religión islámica.” También aludió a la eutanasia como “asesinato piadoso” y coronó su trabajo denunciando el “intervencionismo” del sistema catalán que “ni siquiera en la época de Mao y de la Revolución Cultural, cuando todos los chinos hacian gimnasia a la vez, se atrevieron a tanto.”

Este comentario sobre la gimnasia denota cierto sentido del humor de este amigo de Luis Bárcenas.

pedro-j-ramirezEl arco de Pedro Jota

Frase de Pedro J. Ramírez en un debate televisivo de La Sexta: “A mí ya no me presiona nadie. Hace tiempo que nos han dejado por imposible […] Si la flecha está en el arco, ha de partir. Ni el presidente del Gobierno, ni el sursuncorda pueden impedirlo.” Con todo lo que tiene encima, parece claro que el actual presidente del Gobierno está para impedir más bien poco. Pero, menos lobos, Pedro Jota, que hay unos cuantos sursuncordas que son los que mandan desde lo alto. Y no nos referimos a Dios, que Él no se mete en estas cosas.

33204_540x360Urdangarin, ¿empalmado o empalado?

Diego Torres, el socio de Iñaki Urdangarin en el Instituto Nóos, ha desvelado un correo electrónico del yerno del Rey en el que, al parecer, jugaba con su título nobiliario de tal guisa que la firma rezaba así: “El duque enPALMAdo.” ¿Y si se tratase de un error al pulsar el teclado del ordenador y quiso decir empalado? Porque, tal como se está desmarcando de él la Zarzuela, no sería extraño que la Justicia acabara atravesándolo con un palo para pasarle por el asador como se hace con los pollos. ¡Cielo santo! ¿Adónde irá a parar la Monarquía?

miguel-arias-caneteMás frutos de la reforma laboral

“La reforma laboral está dando sus frutos.” Declaraciones del ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, el mismo día en que las cifras del paro marcaron un nuevo récord: seis milones de desocupados (5,96, para ser exactos). ¿Era necesario decir eso en ese momento? ¿No pensarían las 187.300 personas más que perdieron el empleo en el último trimestre de 2012 que el señor ministro estaba de recochineo?

Un pensament a “A Mariano Rajoy le queda retranca, pero poco crédito”

  1. Pues Rajoy ya puede hacerse todo el gallego que quiera (que tampoco sé si tiene algo que ver con los gallegos de verdad), pero hoy, día 31, se han publicado las notas de Bárcenas y queda claro que él, trincar, también trincaba.
    No cambiará nada porque seguro que a muchos de sus votantes les parecerá de perlas (todo lo más, algo de envidia por no ser ellos los que pillaban cacho), pero en fin, al menos no tendremos que aguantar su habitual displicencia, supongo…

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