¿A quiénes tenemos que matar?

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Pedro Morenés, ministro español de defensa

Los periódicos trajeron la noticia. Los políticos y los tertulianos consideraron que había temas más divertidos para darse marcha.

Defensa invertirá casi 10.000 millones en nuevos programas de armamento. El ministro Morenés ya ha comenzado a enseñar la chequera a la industria militar. Los profesionales de la relaciones publicas de los unos y de los otros ya están estudiando cómo pueden colar como I+D los desarrollos de sistemas mata-gente y estructurando una campaña que venga a decir: “Si facilitamos que maten por ahí nos evitaremos morir de hambre por aquí”.

Pasan dos cosas: La primera que a fuerza de marear la perdiz se ha conseguido que no tengamos presente, en estos tiempos de recortes y vacas flacas, cuántos miles de millones estamos aún pagando cada años por un armamento que no sólo es chapucero en más de una ocasión (recordemos los submarinos de la serie ‘economía española’, tan sumergibles que luego no pueden vuelven a la superficie), sino que no sabemos para qué nos puede servir, porque no está claro de qué enemigo nos puede defender. Pero se comprometieron por 30.000 millones, sólo se han pagado 6.000, no se acabarán de pagar hasta el 2.030 (o sea, se estarán pagando todavía durante otra generación) y tienen un sistema de financiación tan complejo que acabará reventando en nuestras narices. A parte de que sería curioso saber cuántos miles de millones han ido directamente a las cloacas.

La segunda es que no me creo que las necesidades de defensa estén definidas en un plan estratégico digno de ese nombre. Papeles habrá, porque hay cientos de personas que cobran sus sueldos por generarlos. Que lo que esté escrito en esos papeles resista el juicio de los españoles es lo que niego. Ahí debería estar puesto, negro sobre blanco, qué enemigos tenemos y con qué nos amenazan; que amigos tenemos y cómo vamos a colaborar con ellos; qué funciones debemos desarrollar para defendernos de los unos y colaborar con los otros; qué medios consideramos necesarios para todo eso y cuánto cuestan. Y, darle al tema todas las vueltas necesarias hasta que las cifras cuadren. Que quiere decir, hasta que la gente lo considere razonable. No digan que se trata de secretos: Todos eso es notorio y se publica en los medios especializados y hasta en los generales.

Hurtar ese tema a la opinión pública es canallesco. ¿Dejamos que lo hagan?