A la rica marihuana

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Martí Gómez en el local de marihuana de Wade, en Denver, Colorado

e-Mail de Estados Unidos
José Martí Gómez
Periodista

El local en el que el joven Wade me hace de cicerone está situado en un barrio de Denver, estado de Colorado. Es uno más de los 200 autorizados para la venta de marihuana siempre que se presente una receta médica. En todo el estado debe haber unos 700 locales como este y más de cien mil personas están registradas para poder adquirir marihuana legalmente.

El 29 de agosto estaban de enhorabuena: el ministerio de Justicia, de ámbito federal, aceptó en veinte estados el uso de la marihuana con fines terapéuticos (algo que Colorado ya aprobó el año 2000) y vino a decir que no se opondría a que partir del 1 de enero la venta y consumo de marihuana sea libre en Colorado y Washington para cualquier ciudadano mayor de 21 años.

Colorado y el estado de Washington, en la costa Oeste (no confundir con la capital)  son los únicos que tienen aprobada la libertad de consumo. Lo  aprobaron en referéndum celebrado el 6 de noviembre del pasado año, día de elección presidencial. Es habitual en la política de Estados Unidos que ese día los estados voten una serie de enmiendas constitucionales. En este caso se dio la paradoja de que en los dos estados se aprobó la venta libre de marihuana, enfrentándose Washington y Colorado a la ley federal que condena y persigue el comercio, el tráfico y el consumo de marihuana por considerarla una droga como la heroína o la cocaína.

En Colorado la enmienda se aprobó con cerca del 60% de votos. Aunque está prohibido fumar marihuana en zonas públicas los asistentes a los conciertos al aire libre dicen que la nube de humo de los porros y su olor es perceptible, como lo es también en Boulder, la hermosa población hoy universitaria y en los años 60 una de las bases de Jack Keruac, Neal Cassady y los chicos de la generación Beat, asentados en Boulder durante una época después de pasar por la calle Larimer, de Denver, hoy enclave de tiendas y restaurantes de lujo.

photoEl joven Wade trabaja en el pulcro, ordenado local ubicado en lo que hace años fue el barrio italiano de Denver, luego fue un barrio mejicano y hoy, con hoteles, apartamentos y restaurantes, se ha transformado en un barrio de ejecutivos.

Pero eso es lo de menos. Lo sorprendente es como la industria avizora ya el gran negocio. Wade me muestra la larga serie de variados productos conteniendo marihuana: galletas, cremas, lociones y, con diferentes gustos, caramelos, chocolatinas, galletas, helados o chicles. También vaporizadores para inhalar vapor de marihuana, cápsulas con concentrado líquido de marihuana para verterlo en la copa como complemento a lo que estés bebiendo. Y pipas, junto a un sinfín de objetos diversos para el uso y disfrute de la droga. El local de Wade será uno de los paraísos para los adictos a la marihuana llegado el día que la venta se liberalice. En una estantería una quincena de recipientes muestran diferentes tipos de marihuana, con letreros que especifican su nombre (Banana Kussa, Islan Sweet, Lavender, Kiwi Haze, Pink Pez, White Widow…) sus características y sus efectos. La marihuana a granel se complementa en el mostrador con diferentes tipos de cápsulas con marihuana concentrada tras el oportuno proceso de elaboración.

-Y en enero, si se liberaliza el consumo ¿qué pasará? –pregunto al joven Wade.

-Que habrá cola –me responde sonriendo.

Hoy, los clientes tienen entre 35 y 70 años. Hay más hombres que mujeres que recurren a la marihuana por diferentes tipos de dolores: molestias puntuales, enfermedades graves, estados de ánimo depresivos. Una bolsita con 3,3 gramos de marihuana cuesta 35 dólares. La de 6,6 gramos, 70 dólares. Cuando el 1 de enero se legalice la venta su precio subirá, porque por la bolsita o cualquiera de los productos se tendrá que pagar impuestos, algo de lo que ahora está exenta la marihuana con receta médica. No se ha de descartar que para ahorrarse los impuestos haya gente que siga fiel a la receta médica.

El joven que estaba comprando una bolsita de 3,3 gramos quería marihuana para hacerse unos canutos.

-Me saldrán unos cuantos, pero no muchos – me explicó.

Tuve la impresión, viendo su rostro jovial, que para él consumir marihuana tenía más efectos lúdicos que sanitarios. Según parece, son ya muchos los médicos que se muestran proclives a recetar marihuana a sus clientes aunque estos no la necesiten por exclusivos motivos terapéuticos. Es una sospecha que se confirma viendo un reclamo publicitario con el título Medical Marijuana Evaluations. De su lectura se desprende que un grupo de médicos se ofrece para efectuar evaluaciones positivas de licencias de recetas de marihuana.

-Al consumidor de marihuana se le está evaluando ya como un bebedor de alcohol o un fumador de tabaco -me dice Wade.

Los locales autorizados, que se presentan con una cruz similar a la de las farmacias españoles (solo que en este caso verde en lugar de roja) o con el dibujo de una hoja de marihuana en la fachada, están sometidos a un control riguroso. “Una regulación estricta”, me dice Wade, con padre médico en un hospital, prescribiendo desde hace tiempo marihuana a sus pacientes.

En los próximos seis años no se podrán abrir más locales de este tipo. La empresa de Wade tiene una plantación de marihuana. Eso le garantiza el control del producto y que este sea de calidad y sin adulteraciones. En Colorado me dice que deben existir unos 30 cultivadores.

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En la zona conocida como El Pequeño Amsterdam de Denver las cruces verdes o la hoja de marihuana proliferan en las fachadas junto a los rótulos de las casas de antigüedades. En esa zona se ubica La Ganja Gourmet (1) que se anuncia en espectaculares camisetas como “el primer restaurante con marihuana de Estados Unidos”. Lo correcto sería decir “el que quiso ser primer restaurante con marihuana”, dado que la experiencia fracasó por falta de clientela. Espera volver a ser restaurante cuando no se necesite receta y pocas reformas tendrá que hacer: el local ya tiene su barra, en la que ahora en lugar de bebidas se dispensa marihuana al cliente que llega con la oportuna licencia médica y en el futuro preveo que, sentados en altos taburetes, muchos clientes se tomarán  sabrosos cócteles y pizzas a base de marihuana.

-Los médicos ¿están a favor? –le pregunté a Wade.

-Sí. En su inmensa mayoría –me respondió.

-¿Y los republicanos que dicen?

-No lo ven bien pero muchos piensan que se puede ganar dinero.

-¿Y los demócratas?

-Se muestran favorables, como lo demuestra la decisión del ministerio de Justicia de no recurrir la enmienda constitucional. El demócrata tiene un pensamiento social más liberal.

-¿Y los laboratorios farmacéuticos?

-Se oponen. Los que tienen productos contra el dolor están nerviosos. Ven  como la marihuana puede acabar con alguno de sus fármacos.

El joven Wade es muy simpático pero la regulación del local es tan estricta que no se ofreció para regalarme marihuana con la que hacerme un porro.

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(1) En el lenguaje sánscrito ganja es cannabis.