A Christmas Carol

He repetido muchas veces que España no tiene futuro. Es la conclusión lógica y razonable a la vista de la situación en el actual campo de fuerzas del país. Esto del ‘campo de fuerzas’ es una herramienta muy útil para entender cómo funcionan las cosas en una determinada situación. Un escenario, como se dice ahora. Con fantasmas y todo…

¿Fuerza positivas? Sí las hay. Desde luego no esa batahola de datos macroeconómicos que nos ensordece y así nos impide ver que se trata de mucho ruido y de poquísimas nueces. Si el enfermo se cura no será porque la temperatura baje una décima tomada en la exila, media décima en la boca, una y media en el ano y tres cuartos de décima en la punta de la nariz o en cualquier otra punta que se les ocurra. Las razones que llevan a sobrevivir o a morir van por otras dimensiones.

¿Qué hay que sea positivo? Vamos a apuntar un ejemplo:

En estas semanas pre-prenavideñas se ha desatado el optimismo de muchos pequeños empresarios de por aquí. Se detecta que muchos, muchos han vuelto a encargar lotes de navidad para su gente y para sus clientes. Los proveedores de productos para esos lotes están teniendo incrementos del 100 por ciento y más respecto del año pasado. “¡Nos vuelven a encargar empresarios que no lo hacían desde el 2006!”.

Y, ¡atención! Esta gente, los que regalan lotes, sus clientes, sus proveedores… todos son pequeñas y medianas empresas. No son los del IBEX. Son esos pequeños, capaces de crear empleo. Más aún: En su gran mayoría fueron a ‘votar’ el 9N y no le hacen ascos a Podemos; muchos de ellos, todo lo contrario: cuando oyen eso de ‘bolivarianos’ se ríen…

Esa gente, y no ellos solos, son los que pueden sacar adelante el país en un futuro próximo, si no lo agostan los fantasmas del pasado: la vieja casta y los viejos medios, y la vieja derecha omnipresente y el viejo pueblo servil que lame culos para seguir recogiendo las migajas que caen de la mesa.

Y si los rabiosos que se creen progresistas no joden la marrana. Recordemos que a Obama lo han hundido los que le votaron y luego, a las tres semanas, como no había hecho milagros, dijeron que ‘les había decepcionado’ y dejaron el campo a los republicanos. Con amigos así no se precisan enemigos. Y con eternos ‘denunciantes’, que invalidan sin aportar a la sociedad nada más que su bilis, tampoco.