Carles Porta gana el premio Huertas con un libro sobre el crimen de Fago

                                                                                                                                                           Foto de Pilar Aymerich

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

9/3/2012 (11:30) El 12 de enero del 2007, el alcalde de Fago, Miguel Grima, de 50 años, fue asesinado de un tiro en el pecho. Veintiún días después, Santiago Mainar, vecino de ese pueblo oscense, era detenido y acusado por la GuardiaCivilde esa muerte, y, en el 2010, condenado a 20 años y nueve meses de prisión. El relato de ese suceso, que durante varias semanas se convirtió en tema estrella en los medios de comunicación, es el punto de partida del libro escrito por el periodista Carles Porta, ganador de la cuarta edición del Premio Huertas Claveria fallado hoy viernes. Pero que nadie se confunda, Fago, que así se titula la obra, no es una crónica de sucesos ni tampoco la recuperación literaria de un crimen rural llamado a mantener vivo el morbo de los lectores. Fago es un apasionante relato periodístico con ritmo de novela negra que pone en tela de juicio el sistema judicial español, que deja dudas sobre la autoría del crimen que narra y, por encima de todo ello, una bonita historia de amor fraterno, la de una mujer a la que un día le dicen que su hermano es un asesino.

El premio, creado tras la muerte de Josep Maria Huertas Claveria, en marzo del 2007, lo convoca La Lamentable Peña, que reúne a un grupo de amigos de aquel gran periodista. La versión catalana de Fago está ya en las librerías y la castellana aparecerá a finales de mes, ambas editadas por La Campana.

Una buena relación
Carles Porta (Vila-sana, Lleida, 1963) ha trabajado en el diario Segre, en TV3 como enviado especial en diversos conflictos bélicos, en informativos y en el programa 30 minuts. Fago es su tercer libro, después de El club dels perfectes y Tor, Tretze cases i tres mots (en castellano, Tor, la montaña maldita), que narra los crímenes cometidos en el pueblo del Pallars Sobirà y se convirtió en un éxito editorial. Pero la obra ganadora del Premio Huertas Claveria rompe con la pauta iniciada en Tor, el habitual relato de un crimen, y se centra en un personaje –la hermana del asesino– que fue marginal en las crónicas periodísticas del momento y a la que el periodista conoció y trató cuando cubrió la información del suceso para el diario El Mundo. Porta asegura que no ha querido escribir un libro sobre el crimen y reconoce que dio protagonismo a la hermana porque se sintió identificado con la situación vivida por esta mujer. Marisa mantenía una buena relación con Santiago, aunque distante. “Pero un mal día —añade el autor—, le dicen que su hermano ha sido detenido y acusado de asesinato y esa mujer, que llevaba una vida normal, tranquila, sufre una especie de ataque de responsabilidad, que nadie le ha pedido y que su propio hermano rechaza”. Y este personaje, torturado por un compromiso que no sabe bien cómo ejercer, es quien encandila a Porta y en el que centra el contenido de su libro.

 

Sin coartada
La obstinación de Marisa por evitar la condena de Santiago, incluso en contra de la voluntad de este, y sus estados de ánimo discurren en el libro en paralelo a la narración de la detención, juicio y condena de Mainar, un personaje controvertido, complejo, al que Porta conoció en su casa rural, donde el periodista se hospedó para informar sobre el asesinato del alcalde. “Enseguida intuí que, si detenían a algún vecino, sería Mainar –comenta–, porque era el único que no tenía coartada, el único que había manifestado abiertamente un móvil, que odiaba al alcalde, el único que hablaba abiertamente con rencor del muerto, un déspota que había convertido Fago en su finca particular”. El presentimiento de Porta se hizo realidad el 2 de febrero, cuando Santiago es detenido y acusado de la muerte de Miguel Grima, un desenlace que el autor considera previsible tras más de 15 días de investigación por parte de la Guardia Civil, sometida a una gran presión mediática y sin otro sospechoso que Mainar: “Meter en prisión a Mainar fue el recurso más sencillo, porque casi se ofreció voluntariamente para ser sacrificado”.

El lector puede avanzar en la narración de Fago con el interés de quien lee esa clase de buena novela policiaca que deja al descubierto la cara más dura de la realidad, pero consciente de que no se trata de un libro de ficción porque todos los datos son reales. Y en esa descripción minuciosa de los hechos que acabaron con Mainar en el penal de El Dueso Porta acaba poniendo en duda el funcionamiento del sistema judicial, el trabajo de la Guardia Civil y la profesionalidad de los abogados que llevaron su defensa: El autor considera que la investigación no se encaminó a buscar un autor del crimen, “sino a fijar un culpable”, y que el sistema judicial se sumó a esa ambigüedad porque, después de año y medio de tratar el caso bajo la óptica de un jurado popular, el juez instructor decidió que fuera un tribunal profesionalquien juzgara a Mainar. “¿Por qué se tomó esa decisión? –se pregunta Porta– “porque el sistema nunca pone en duda sus propios métodos, es decir, los jueces aceptaron la investigación de la Guardia Civil, algo que, quizá, un jurado popular no hubiera hecho”.

Un mundo de corrupción

Porta ha hablado con Mainar en unas 60 ocasiones a lo largo de los últimos cinco años y a través de esas conversaciones se ha formado una idea propia tanto de su culpabilidad –“Es probable que matara a Grima, pero, si así fue, no lo hizo solo”–, como de su idiosincrasia. El periodista considera que, desde el punto de vista médico, Santiago puede ser un enfermo, pero él ha descubierto en ese hombre a unidealista, un hombre muy culto, “que cree en un mundo feliz en el que domina la justicia pero al que la realidad destroza, y ese fracaso le lleva hasta el punto de desear la muerte porque no quiere vivir en un mundo de corrupción salsa rosa”. ¿Padece elautor el síndrome de Estocolmo hacia el hombre condenado por asesinato? “Quizá -responde Porta-, pero no entiendo que cuando alguien mira en dirección contraria a la de la mayoría se le tenga que recriminar una mirada benévola hacia el supuesto culpable”.

Cinco años después de que el asesinato de Miguel Grima acaparara la atención de los medios informativos –190 periodistas se desplazaron a Huesca, incluso japoneses e ingleses—solo los protagonistas del suceso, Carles Porta y ahora los lectores de Fago recuerdan aquella historia. Mainar sigue en El Dueso, aislado por propia voluntad tras la firma de un documento en el que exige que no se dé a nadie información sobre su persona, ni siquiera a su hermana. Tras una huelga de hambre y un intento de suicidio ha decidido morir despacio. Come poco, no toma medicamentos, luce barba de dos palmos y muestra un abandono físico considerable. Marisa recupera la normalidad de su vida, aunque mantiene la desazón por no haber podido hacer más por Santiago y sufre el desconcierto por su actitud. Fago no ha cambiado, salvo que han desaparecido dos de sus vecinos, un alcalde que llevaba las situaciones al límite de la crispación y un rival que era el único que le llevaba la contraria. Sigue siendo un pueblo con un entorno muy atractivo, con una población fija de edad avanzada y con visitantes de fin de semana que llegan y siempre se van.

En Fago parece que no ha pasado nada.

 

Premios Huertas Claveria.

- 2008: Mudanzas (RBA), de Luís Benvenuty, fue la primera obra ganadora.

– 2009: El jurado declaró el premio desierto.

– 2010. El galardón lo obtuvo La sisena flota a Barcelona, de Xavier Theros.

– 2011: Seis originales han optado al premio. Carles Porta, el ganador, se ha declarado como un admirador del periodismo que representa la figura de Josep M. Huertas, “un tipo de periodismo que se ha acabado, que ha sido sustituido por el periodismo de empresa, dócil, sumiso”.

 

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