El 15-J del 77

Las primeras elecciones democráticas tras medio siglo de dictadura fueron un encaje de bolillos entre el sector franquista consciente de que se había de mover algo para no perderlo todo y el amplio sector demócrata consciente a su vez de que tenía que aceptar un pacto porque el ejército estaba con la otra parte.

Creer en Suárez creía poca gente pero muchos de los que le criticaron se arrimaron a él buscando un cargo. La UCD fue partido container que acogió diversas tendencias ideológicas unidas bajo el pegamento de un líder que tenía el carisma de su simpatía y juventud.

Alianza Popular, liderada por un franquista sociológico e intemperante como era Fraga aglutinó los restos del naufragio y fracasó porque la gente ya estaba harta de aquellos rostros taciturnos,

El Partido Comunista, fuerte en la clandestinidad, fracasó en las urnas. Sus candidaturas, llenas de dinosaurios, no tentaron a un electorado joven y dieron miedo al electorado viejo.

EL PSOE era una incógnita que salía de la clandestinidad sin haber hecho gran cosa, salvo en el País Vasco y Cataluña. Su fuerza estaba en un líder joven y con carisma que el 15-J empezó a emerger.

Que muchas cosas cambiaron a partir del 15-J es un hecho, aunque ahora aquel pacto nacido de la transición esté agotado. A veces, la pequeña anécdota revela cosas profundas de la psique humana. Yo era amigo de Francisco Fernández Ordoñez desde hacía muchos años. Cuando tras el 15-J fue nombrado ministro de Hacienda me invitó a almorzar junto a Josep Ramoneda.

En la puerta del ministerio, los dos en mangas de camisa, nos paró el guardia civil:

–¿Qué queréis?– preguntó, tuteándonos.

–Queremos ver al ministro

–Estos dos quieren ver al ministro, jo, jo–le dijo el guardia al ujier.

–Habrán leído que ayer estuvo aquí Marcelino Camacho y deben creer que todos pueden ver al ministro, jo, jo– dijo el ujier.

–Eso digo, jo. jo– rió el guardia.

–¿Y para que queréis ver vosotros al ministro?– preguntó el ujier.

–Porque nos espera para almorzar– dije yo.

El ujier se abalanzó sobre el teléfono interior. Confirmado que el ministro nos estaba esperando nos habló de usted, se inclinó servil al abrir el ascensor y el guardia se cuadró al dejarnos paso.

Yo guardo buen recuero del 15-J y de los años que estuvo la UCD en el poder. Creo que fueron los años con más libertad y eso se veía en la calle y en los medios de comunicación.

3 pensaments a “El 15-J del 77”

  1. La distopía de la Transición española.
    Germán Gorráiz López un analista navarro escribe o describe con insistencia que en España se vive una distopia en el sentido que el Estado español está controlado por una élite política, financiera y empresarial heredera del Franquismo que se abroga el monopolio del poder y sus recursos (sea político, económico o de medios de comunicación) sobre el resto de los demás. Que el sistema democrático actual es fruto del Tejerazo (el amago de golpe blando del 23 de febrero de 1981) en que el Estado profundo (ejército, fuerzas de seguridad y la Monarquía) habrían obligado a las fuerzas políticas allí representadas (una UCD deshecha, PSOE, PCE y AP) a acceptar tres cosas: la Monarquía representada por Juan Carlos, la indisoluble unidad de España y el sistema electoral proporcional que consagra el bipartidismo perfecto para asfixiar a la izquierd radical en el guetto electoral.

    El contexto les estaba desesperando a esos miembros del Estado profundo. La UCD, la organización civil heredera directa del franquismo y nacida para controlar el proceso con Suárez a la cabeza, a pesar de su control de los resortes del poder -parlamentario y de los mass media del momento- se estaba haciendo pedazos, la crisis económica (con su carga de inflación estaba haciendo estragos) y el PSOE era una incógnita si iba seguir a su homologo francés con un keynesianismo radical nacionalizando casi todo el aparato productivo francés con ayuda del Partido Comunista, y luego estaba el terrorismo de ETA con el problema vasco que el improvisado Estado de las Autonomías no parecía integrar y solucionar.
    Había que actuar y darles un aviso. Y el aviso funcionó, sólo que en apariencia el Rey salió como el salvador de la democracia y durante los siguientes años las válvulas de escape del sistema funcionaron con la alternancia del PSOE y el PP, con ayuda de los nacionalistas conservadores catalanes y vascos de CiU y el PNV, que por ser conservadores no estaban precisamente interesados en aventuras políticas arriesgadas y por desarrollar el marco competencial de la Constitución les había concedido. Y todo ello a pesar de las leyes antiterroristas (y la aparición de grupos de guerra sucia contra ETA), más leyes de recortes de libertades como la ley de la patada en la puerta o la mordaza.
    Bueno, hasta ahora. El sistema actual está saltando por los aires por la crisis económica y la corrupción. Para los herederos del Estado tardofranquista se les está cumpliendo sus peores pesadillas: una izquierda radical crecida combinada por la debacle de los partidos nacionalistas conservadores en Cataluña y Euskadi y su sustitución por nacionalistas más radicales sea ERC o la CUP en Cataluña o el neoabertzalismo en Euskadi. El sistema por ahora está respondiendo con una válvula de escape, Ciudadanos, pero la actitud ambivalente del PSOE (que no sabe o no quiere convertirse en un Partido Socialista Italiano apuntalando al partido conservador), puede llevar al traste los planes de esa élite que hemos descrito para perpetuarse en el poder y pervertir la idea democrática de la mayoría en la investidura de una minoría selecta para regir los detinos del país. La prueba de fuego la tendremos en la actitud que adopten frente al referéndum catalán del 1 de octubre ¿Será la oportunidad que esperaban de domesticar definitivamente las Autonomías con una Nueva LOAPA,-equivalente a una Nueva Planta- con la aquiesencia del Tribunal Constitucional, en la más pura doctrina del shock neoliberal? Es difícil de predecir. Veremos pues hacia donde va el Estado que representa España.

  2. Benvolgut Martí Gómez

    Entenc la seva preferència per l’època Suárez. És del tot lògica, hi havia molta il•lusió i, ara queda ben clar, molta ingenuïtat també…Però és que teníem tantes ganes de treure’ns de sobre la ronya franquista que no ens vam adonar que ens enganyàvem i sobretot ens autoenganyàvem.

    Cal reconèixer que aquells dies van ser molt complicats. Per això molta gent creu que no cal remoure-ho massa, perquè al final, diuen, ‘es va fer allò que es va poder’. L’argument és plausible, vistes les circumstàncies. És cert que seria raonable de passar de puntetes sobre els pactes d’aquell moment, procurant de respectar els esforços nobles que gairebé tothom va fer per eixir d’una situació tan complicada com la que tenia l’estat espanyol a final del setanta. El problema és quan es vol impedir l’evolució de la societat petrificant-la, considerant immutables aquells instruments polítics que són fruit de l’amenaça, de la pressió de l’exèrcit i les institucions franquistes i fins i tot de les trampes més barroeres. Aleshores el respecte ja no es pot invocar, perquè no parlem d’història sinó de present.

    En aquest sentit avui es publica un article demolidor sobre les circumstàncies tan anòmales en què es va organitzar el cens del referèndum que va aprovar la constitució espanyola del 1978. I tot allò que va passar aleshores és un autèntic escàndol. Es va votar amb dos censos diferents, falsejats i greument alterats quan la convocatòria ja era feta, criticats fins i tot per l’autoritat responsable de fer-los. Les garanties d’aquella votació que va consagrar aquesta constitució que ens diuen ara que és la vara de mesurar la democràcia no resisteixen ni la més mínima anàlisi i projecten una ombra colossal sobre la legitimitat de tot el procés.

    I el fet més curiós és que l’episodi havia restat oblidat. Ni els qui en vam ser contemporanis no ens en recordàvem o no hi donàvem la importància que realment té. Perquè si tot hagués quedat en un episodi històric, la gravetat dels fets podria ser fins a un cert punt disculpable, tenint en compte el context d’un franquisme que no tenia, ni necessitava, censos electorals i la improvisació d’una transició en què les coses no eren pas gens clares.

    Però una cosa és mirar-se aquella transició amb una certa comprensió històrica i una altra acceptar que es puga fer servir ara, per a intentar coartar la democràcia, una constitució que es va elaborar després d’unes eleccions que no eren constituents, com una reforma de les lleis franquistes emanades del cop d’estat del 36, que es va redactar amb les pistoles dels militars sobre la taula, partint de la base que hi havia punts intocables i una constitució que a sobre es va votar en un referèndum que no complia ni les mínimes garanties exigibles.

    Una cosa és ser contrari al franquisme i un altre empassar-se qualsevol cosa…

    Salutacions cordials

  3. Libertad en la calle…………se moría mucho por los famosos disparos al aire, etc etc.
    El aparato franquista aún estaba presente en todos los rincones y camuflado o no, ejercía casi plenipotente.
    Y muy decepcionante Psoe light con la quinta de Andalucía decepcionando nuestra enorme hambre de cambio hasta el final, cuando -como pretexto para la prudencia- ya los sables estaban más que enfundados y colgados en la pared.
    Un saludo!

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