Memoria de la Noche de los Cristales Rotos (9 de noviembre de 1938)

El sábado se celebró en Barcelona un acto convocado por SOS Racisme, Amical de Mauthausen y otros grupos, con motivo del 75 aniversario de la Noche de los Cristales Rotos –la del 9 de noviembre de 1938– con la intención de que no se olvide la brutalidad del fascismo ni la historia de quienes lo combatieron. El acto consistió en una ruta que enlazaba diferentes lugares de la ciudad en los que se han producido episodios de lucha contra el nazismo. El itinerario se inició en los Jardinets de Gràcia, por el cierre de la libreria nazi ‘Europa’ y en recuerdo de Ana Frank. Allí, Carlos Jiménez Villarejo leyó el texto que, por su interés, reproducimos.

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Antisemitismo en Alemania. Boicot realizado por el partido nazi. La pancarta dice: “Alemanes, defiéndanse! No compren a los judíos!”. 1 de abril de 1933

Carlos Jiménez Villarejo
Jurista. Ex Fiscal Anticorrupción

El Diario de Ana Frank es una excelente expresión de la memoria de aquella fecha, ya que su clandestinidad, persecución, sufrimiento y muerte constituyen un símbolo del peligro, la crueldad y la destrucción de los derechos humanos que representó el nazismo, en particular, la ola de violencia desatada en aquella fecha y, ahora, cualquier forma de fascismo.
Ana Frank, por razón de ser judía, permaneció oculta, con siete personas más, en Ámsterdam desde Junio de 1942, cuando solo contaba trece años, hasta el cuatro de Agosto de 1944 en que todos fueron detenidos por la Gestapo. Desde allí, Ana fue trasladada a los campos de exterminio de Auschwitz y Bergen-Belsen, donde murió entre Febrero y Marzo de 1945 a causa de una epidemia de tifus. Tenía 15 años. Parece que sus restos permanecen en las fosas comunes del campo donde falleció.
Su Diario –desde el 12 de Junio de 1942 a 1 de Agosto de 1944– pasará a la historia como ejemplo de entereza, lucidez y testimonio de las atrocidades sufridas por ella y tantos millones de judíos a manos del nacionalsocialismo.
Por ello, es necesario citar, aunque muy brevemente, su sobrecogedor relato sobre el que siempre sobrevoló la esperanza y hasta la alegría de una adolescente.

ruta-contra-el-feixisme-9nDecía así:

“Después de mayo de 1940, los buenos tiempos quedaron definitivamente atrás: primero la guerra, luego la capitulación, la invasión alemana, y así comenzaron las desgracias para nosotros los judíos. Los judíos deben llevar una estrella de David; deben entregar sus bicicletas; no les está permitido viajar en tranvía; no les está permitido viajar en coche, tampoco en coches particulares; los judíos solo pueden hacer la compra desde las tres hasta las cinco de la tarde; solo pueden ir a una peluquería judía; no pueden salir a la calle desde las ocho de la noche hasta las seis de la madrugada; no les está permitida la entrada en los teatros, cines y otros lugares de esparcimiento público…” Y así sucesivamente.
Y, mas adelante, precisa, al referirse a un campo de concentración:
“Debe de ser un sitio horroroso. A la gente no le dan casi de comer y menos de beber. Solo hay agua una hora al día y no hay mas que un retrete y un lavabo para varios miles de personas. Hombres y mujeres duermen todos juntos y a estas últimas y a los niños a menudo les rapan la cabeza”.
Pero todo ese horror, no le impide decir, ya en vísperas de su detención, en Junio de 1944:
“No es ninguna fantasía cuando digo que ver el cielo, las nubes, la luna y las estrellas me da paciencia y me tranquiliza”. Y expresa su esperanza de que “en octubre ya podré ocupar nuevamente mi lugar en las aulas”.
¡Qué tremenda, por parcial que sea, esta narración de dolor y esperanza desde su condición clandestina!
Palabras necesarias para mantener viva la memoria de que la sublevación militar de 1936, la dictadura fascista implantada por el general Franco –que solo merece el calificativo de Criminal de Guerra– con el apoyo de las clases dominantes, de Falange Española y de las JONS y de la Jerarquía católica, no está definitivamente superada.
Es incomprensible e inaceptable que tras la restauración de la democracia en 1978, se mantuvieran en la legalidad organizaciones y partidos claramente fascistas que debían haber quedado prohibidos y fuera de la Ley.
Sobre todo, cuando la ONU, en 1946, identificó el régimen franquista a los regímenes totalitarios de Hitler y Mussolini.
Pero las debilidades de transición trajeron estas consecuencias incompatibles con los “principios democráticos” que deben presidir un partido político constitucional.
Qué razón tenía aquel superviviente de Auschwitz, testigo en un juicio penal celebrado en Frankfurt en 1964 contra responsables del exterminio, cuando afirmó: “Yo salí del campo. Pero el campo sigue entre nosotros”.
En este estado de cosas, han proliferado organizaciones de extrema derecha y de inspiración fascista.
Ha sido su creciente expansión y sus acciones violentas las que han llevado a un Gobierno conservador, como el del PP, a plantearse, con motivo de la reforma del Código Penal, que serán delictivas las conductas de personas y asociaciones que “fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra personas o asociaciones por razón de su ideología, religión, o creencias o la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o discapacidad”. Ya veremos, cuando esta propuesta se apruebe, cómo la aplican los tribunales.
Porque la tolerancia de la democracia y sus Gobiernos con el fascismo condujo también a permitir que, dentro del marco legal, pudieran abrirse locales comerciales, como librerías, que eran un altavoz para la difusión del nazismo y la xenofobia, como lo fueron las librerias Europa y Kalki. Y aquella tolerancia llegó al extremo de que se admitiesen como lícitas conductas que enaltecían o incluso negaban el exterminio producido por el nazismo. Con el apoyo de los tribunales, incluido el Tribunal Constitucional(TC), que garantizaron la impunidad de los responsables de la propaganda fascista difundida por aquellas librerias. Así lo hizo el TC, que anuló la condena del titular de la librería Europa por entender justificada –y, por tanto, no delictiva– la “negación” de exterminio judío. La mera negación de genocidios constatados y acreditados, implica un grave y evidente menosprecio hacia las personas que los sufrieron y un atentado contra toda la sociedad en cuanto constituye una incitación al odio contra determinados colectivos por razones racistas o xenòfobas. Y, además, consiste no sólo en la mera difusión de ideas u opiniones sobre los fenómenos genocidas, sino que, inspirándose en un propósito discriminador y ofensivo para las victimas tratan de generar un estado de opinión favorable al genocidio planificado y sistemático. La posición del TC fue muy grave ante el resurgimiento en los últimos tiempos de movimientos xenófobos –claramente inspirados en los postulados defendidos en su día por el nacionalsocialismo– cuya expansión pudiera generar un notable riesgo de desestabilización del sistema democrático.
Afortunadamente, en cumplimiento de una Decisión de la Unión Europea de 2007, parece que va a volverse a castigar penalmente a quienes “nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan los delitos de genocidio, de lesa humanidad…” u otros similares.
Pero, hoy, debemos exigir que además de las medidas penales, se reforme la Ley de Partidos, de 2002, para disolver inmediatamente las formaciones políticas de signo fascista e impedir que puedan constituirse en el futuro. Y, desde luego, impidiendo que estén presentes en las instituciones democráticas. Son, todas ellas, un serio peligro para la democracia y la ciudadanía democrática como, lamentablemente, se acredita cada vez con más frecuencia.
Permitirme concluir con unas palabras de Violeta Friedman, superviviente de Auschwitz, que ante las palabras de León Degrelle de menosprecio de la comunidad judía y enaltecimiento del nazismo presentó una demanda judicial en defensa de su honor, el de su familia y el de su pueblo. Se encontró durante varios años con un irritante respaldo judicial a dicho dirigente nazi que solo concluyó gracias a una histórica sentencia del Tribunal Constitucional. Sentencia que, además de reconocerle sus derechos y otorgarle el amparo judicial que se le había negado, se expresó así; “Se trata, con toda evidencia de unas afirmaciones que manifiestamente poseen una connotación racista y antisemita, y que no pueden interpretarse más que como una incitación antijudía, con independencia de cualquier juicio de opinión sobre la existencia de hechos históricos. Esta incitación racista constituye un atentado al honor de la actora y al de todas aquellas personas que, como ella, y su familia, estuvieron internadas en los campos nazis de concentración, puesto que el juicio que se hace sobre los hechos históricos, desgraciados y aborrecibles, por ella sufridos y padecidos, como con desgarro se exponen en la demanda, no comporta exclusivamente correcciones personales de la historia sobre la persecución de los judíos, dando una dimensión histórica o moral sino antes al contrario y esencialmente conllevan imputaciones efectuadas en descrédito y menosprecio de las propias víctimas, esto es, las integrantes del pueblo judío que sufrieron los horrores del nacionalsocialismo y, dentro de ellas, la hoy recurrente, razón por la cual exceden del ámbito en el que debe entenderse prevalente el derecho a expresar libremente los pensamientos, ideas y opiniones consagrados en el art. 20.1 C.E”. (Sentencia 214/1991). Desde entonces, ningún tribunal se ha pronunciado con tanta contundencia.
Luego, esto dijo Violeta Friedman: “Durante treinta y nueve años, yo había guardado silencio. Había tratado de olvidar lo inolvidable, de convencerme a mi misma de que jamás había vivido todo aquel horror sin límites. Pero era en vano: los recuerdos seguían ahí, el mercado de Marghita, el tren, los brazos que me separaron de mi madre, y el espanto, el hambre, el dolor, la muerte… Yo había vivido todo eso. Y como yo, otros muchos millones de personas. La mayor parte jamás pudieron contarlo: fueron asesinados antes de poder decir nada, antes de poder recordar. Ahora, alguien estaba intentando engañar. Engañarme a mí, que lo había vivido, y al mundo entero. Entonces comprendí que tenía una obligación, la de recordarlo y contarlo”.